Celebrando el nacimiento y muerte

Las lucecitas, los arbolitos, el ruido de los cohetes a lo lejos (o muy cerca), las 250X500-1compras anticipadas, las compras de último minuto, buscar ropa nueva, el tráfico, los buenos deseos, la compra de los ingredientes para la cena navideña, el frío característico de la época, las sonrisas y el espíritu de ayuda y comprensión por todos lados. En fin, a donde quiera que fijemos nuestra vista, todo nos recuerda que estamos celebrando navidad. Pero… ¿Qué es celebrar la Navidad?

La respuesta más común cuando se le pregunta esto a un cristiano es: “el nacimiento de Jesús”, pero ¿realmente estamos conscientes del significado de esa frase? ¿Realmente comprendemos la magnitud de la celebración? ¿Realmente conocemos el verdadero motivo de la navidad?

Cuando hablamos de Jesús, pareciera que dividimos su vida en dos eventos importantes, su nacimiento y su muerte. Cuando hablamos de celebrar la navidad, solamente celebramos el “nacimiento de Jesús”. Recordamos como Dios envió a Gabriel a anunciar a María que ella sería la mamá de Jesús. Recordamos como, por medio de sueños, Dios anunció a José la razón del embarazo de María y lo animó a casarse con ella. Recordamos el viaje a Belén y la búsqueda de un hostal para pasar la noche, y de último, recordamos el nacimiento de Jesús.

No tengas miedo, María; Dios te ha concedido su favor —le dijo el ángel—Quedarás encinta y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Él será un gran hombre, y lo llamarán Hijo del Altísimo. Dios el Señor le dará el trono de su padre David, y reinará sobre el pueblo de Jacob para siempre. Su reinado no tendrá fin. Lucas 1:30-33

Nos cuentan las películas, las canciones y las obras de como, en un humilde pesebre fue acostado Jesús, luego de haber nacido, y como los ángeles cantaron y avisaron a los pastores esa noche para que fueran a adorarle.

Sabes, el nacimiento de Jesús es un gran motivo para celebrar. Pero el hecho de que naciera para morir por nosotros es un motivo aún más grande. Jesús no vino a vivir una vida cómoda entre los seres humanos, ni Dios lo mandó para que aprendiera de carpintería con José. Incluso, no lo mando solamente a morir por nosotros. Dios envió a Jesús para que viviera entre nosotros y nos demostrara que somos capaces de vivir agradando a Dios. Jesús nació para demostrarnos que somos capaces de perdonar, de ser compasivos, de ayudar a nuestro prójimo. De que somos capaces de hacer milagros cuando confiamos plenamente en Dios.

Cuando celebramos la navidad, no estamos celebrando solamente el nacimiento de Jesús, si no, que también celebramos su vida en la tierra. Celebramos que vivió como ser humano, con limitaciones, tentaciones y faltas. Celebramos que decidió hacerse imperfecto para que, al morir, todas nuestras imperfecciones se fueran con Él en la cruz. Celebramos que nos demostró que podemos ser débiles, para encontrar nuestra fuerza en Dios.

Por lo que sabemos, cada día puede ser navidad. No nos limitemos a recordar el regalo que Dios nos dio a través de Jesús solamente una vez al año. Tampoco nos limitemos solo a recordar el nacimiento de Jesús, mejor celebremos toda Su vida y Su sacrificio por amor a nosotros. Celebremos que Jesús está vivo y agradezcamos su inmensa misericordia.

Un abrazo navideño a todas,

Carmen Rizzo, Guatemala