Dios es luz y tú?

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Muchas veces en mi vida me han hecho esa pregunta, y la mayoría de veces contesto siempre lo mismo: “porque no me gusta”, o “no nos gusta esa celebración en mi casa”, o mi favorita en broma: “mi religión me lo prohíbe”.  La verdad, es que pensando cómo escribir este tema, realmente me puse a pensar el por qué no celebro Halloween. Esta es la respuesta a la que llegue.

Probablemente la primera y única razón es que en mi casa jamás se acostumbró. De hecho, mis tardes de octubre eran bastante aburridas. Recuerdo que empezaban a pasar las caricaturas que normalmente miraba y mi mamá, o se iba a sentar junto a mí para verlas, o me pedía que cambiara de canal y buscábamos algo que no se relacionara con brujas, fantasmas y espíritus errantes. Pero, ¿por qué no se acostumbra en mi casa? La respuesta es bastante simple: ¿Qué relación tiene la luz con la oscuridad? (2da de Corintios 6:14).

Talvez ya has leído o escuchado sobre el origen del Halloween, resumidamente es una celebración pagana de origen Celta para celebrar el fin del verano, llamada Samhain. El Samhain era tomado como el “Año nuevo” de los celtas, y este daba paso a lo que le llamaban “la estación oscura”, es decir, el invierno.

Pero, lo curioso del Samhain es que celebraba el inicio del año con sus muertos. Los celtas mantenían la creencia de que el mundo de los muertos se acercaba más al de los vivos en estas fechas, por lo que los espíritus regresaban a la tierra a convivir con sus seres queridos. Sin embargo, también regresaban espíritus malvados, por lo que la gente ponía candelas o se disfrazaba para que no les hicieran daño.

Ahora que leo toda la historia, me hace pensar: ¿Qué tengo yo que ver con todo esto? ¿Qué bien podría encontrar en una celebración como esta? ¿Dónde está la claridad, la calidez y el amor de Dios es una celebración así? Claro, puedes decirme que ahora las cosas no son así, que ya no se celebra el fin del verano y que es una celebración más en el calendario. Pero, las raíces de la festividad aún permanecen. Todas las prácticas del Halloween tienen como base una leyenda o historia con relación a demonios, temor y oscuridad.

Hemos sido llamadas a ser la Luz del mundo (Mateo 5:14) y personalmente, no veo cómo puedo demostrar esto celebrando una festividad que fue utilizada para celebrar el inicio de un tiempo de oscuridad y frio, cuando mi Dios es luz y calidez como lo dice en Salmos 116:5 El Señor es compasivo y justo; nuestro Dios es todo ternura.

No veo una sola forma en como pueda relacionarse una celebración que busca exaltar el miedo, el temor y la inseguridad, cuando Dios es quien me levanta todos los días asegurándome que tendré fortaleza, valentía y tranquilidad en su presencia.

Esta es la razón por la que no celebro Halloween. No solo por diferencias culturales, o por una prohibición en mi casa. No lo celebro porque no encuentro una sola razón que la haga valer la pena y no lo celebro, no porque mi “religión me lo prohíbe”, si no, porque sé que Dios es todo lo contrario a lo que se puede celebrar un 31 de Octubre en la noche. ¿Por qué se los comparto? No, no  es solo para llenar un espacio en el blog, y mucho menos como “propaganda cristiana” (como muchos podrían llamarlo). Lo hago porque quiero que conozcan a mi Dios, que es luz, calidez, amor, ternura, misericordia, un Dios de vivos que asegura un futuro, tranquilidad y fortaleza a todos los que ama, que al final, es toda la Creación.

Bien, ¡ha sido todo un gusto compartir mi punto de vista sobre este tema con ustedes! Un gran abrazo a todas, el Señor las bendiga.

Con cariño,

Carmen Rizzo, Guatemala 🙂