El poder de la confesión

confesion copia 600Como mujeres debemos aceptar que muchas veces se nos dificulta demasiado reconocer nuestros errores, incluso más cuando sabemos que no estamos haciendo lo correcto.

Es normal que la mayor parte del tiempo en que actuamos de manera incorrecta, no queremos que nadie se entere nuestro “pecadito”; esto sucede al principio porque después corremos a contárselo a una amiga o a un amigo; y no es que esté mal porque los amigos siempre son de apoyo y qué bueno que Dios creó la amistad. ¿Pero alguna vez has hecho la prueba de confesarle tus errores o acciones incorrectas primeramente a Dios y luego a tus amigos? ¿Alguna vez has sentido que esos “pecaditos” de cierta manera no se pueden confesar delante de Dios porque El se puede “enojar” o “avergonzar” de ti?

Cuando de cierta forma sentimos vergüenza delante de Dios por ciertas cosas que hemos hecho, nosotras mismas nos privamos de la libertad que El ya nos dio. Nos sentimos temerosas y creemos que El nos va juzgar como lo hace cualquier otro ser humano, porque la mayoría de veces cuando cometes un error hay personas que solo te juzgan y señalan como “un gran pecadora”.

Sin embargo, muchas veces preferimos quedarnos calladas y no confesar nuestros pecados. Optamos por guardar “el secretito” y sin darnos cuenta este “secretito” nos hace prisioneras y empezamos a perder esa libertad que solo Dios nos puede conceder.  Y esto hace que nuestro mundo se torne gris y nuestra relación con Dios se desgaste.

Pero no todo es gris cuando se comete un pecado, el arrepentimiento está en nuestras manos y el poder de la confesión en nuestra boca. Si tan solo hicieras la prueba de confesarle a Dios todos esos pecados que te quitan el sueño, entenderías que Él es quien menos te juzga, quien más te perdona y el único que te da la libertad de esos pecados.

Dios es tan misericordioso que está dispuesto a luchar a tu lado para que no vuelvas a cometer los errores, y aunque los volvieras a cometer El quiere estar ahí para escucharte cuando confieses lo mismos y te arrepientas genuinamente para poder abrazarte y decirte cuanto te ama, y que no podría dejar de hacerlo.

Si nosotras mismas nos hacemos prisioneras del pecado al no quererlo confesar, esto significa que de igual manera nosotras mismas podemos confesar el pecado delante de Dios y tener la Libertad Divina, que solamente es otorgada por El.

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. 1 Juan 1:9

Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo, porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Romanos 10:9-10

Con cariño,

Kim Sánchez, Guatemala