¿En busca de un Sapo Verde o de un Príncipe Azul?

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Desde pequeñas hemos escuchado el famoso cuento del Príncipe Azul, el que antes era un sapo verde pero al recibir el beso de amor de la Princesa se convierte en el apuesto caballero que llega para rescatarla, y claro ya sabemos que el final del cuento siempre es “Y vivieron felices para siempre”…  Pero hoy querida amiga lamento bajarte de esta nube… estos cuentos no suceden así.  Hoy te abro mi corazón para contarte parte de mi vida, que estoy segura podrá ayudarte a descubrir si estas en busca de un Sapo Verde o de un Príncipe Azul.

Soy una chica de 25 años, cristiana de toda la vida, ya con una carrera universitaria, buena hija y hermana, trabajadora, servidora en mi iglesia y siempre dispuesta a seguir la voluntad de Dios. Pero al igual que tú, soy una mujer que guarda la ilusión de encontrar a su Príncipe Azul.

Cuando tenía como 20 años había conocido ya a varios Sapos Verdes que llegaban a mi vida y que intentaban conquistar mi corazón, pero ninguno de ellos llenaba mis expectativas. Yo soñaba con encontrar un verdadero Príncipe Azul, un caballero apuesto, atento, inteligente, trabajador, con muchas cualidades, pero sobretodo anhelaba encontrar a un hombre que estuviera enamorado de Dios, que fuera un fiel siervo del Señor y con él que juntos pudiéramos servirle como pareja.  Veía a algunos muchachos en la iglesia que tenían el perfil para convertirse en ese príncipe, pero la realidad era que no se interesaban en mí.

Al cumplir 23 años, yo me empezaba a sentir mal conmigo misma, le preguntaba a Dios porque ningún buen muchacho me correspondía, en ocasiones me sentía fea y solo anhelaba que ese príncipe llegará.

Cuando tenía 24 años, mi desesperación por tener novio era muy grande a tal punto que empecé a pensar que porque no darle oportunidad a un Sapo Verde en convertirse en ese Príncipe Azul. Y como por arte de magia parecía que ese sapo había escuchado a mi llamado, apareció a mi vida un chico guapo, un hombre caballeroso y que tenía  muchos detalles hacia mi persona, él comenzó a llamar mi atención.  Pasar tiempo con él me hacía sentir linda, él me decía que yo lo hacía una mejor persona y yo creía que él había llegado para hacerme más feliz.

Pero había un gran problema, él no era cristiano ni tenía la intención de serlo algún día. Yo conocía tantos defectos de esta persona, que mi desesperación por tener novio hacían que me olvidará de ellos y empezaba a creer que Dios lo había puesto en mi camino y que sus defectos no eran importantes. La relación con este amigo empezó hacer que a pesar que yo no deje de ir a la iglesia, me empezaba alejar en cierto modo de Dios, mi relación con él era cada día más distante y las oraciones que antes hacia sobre el Príncipe Azul empezaban a modificarse. Ya no pedía por ese Príncipe Azul por el cual había soñado toda mi vida, sino que pedía porque ese Sapo Verde que empezaba a gustarme pudiera convertirse en cierto modo en ese Príncipe. Cuando en la iglesia tocaban el tema del amor y de cuidar tu corazón, yo cerraba mis oídos y evadía el tema; yo sabía que yo estaba actuando mal pero no quería aceptarlo.

Pero al parecer Dios quería hacerme reaccionar y en un retiro él hablo a mi corazón, en un momento de ministración yo me rompí en mil pedazos y las lágrimas empezaron a brotar en mi rostro. No podía creer que yo la chica cristiana que siempre había buscado obedecer a Dios, había querido engañar al mundo, a mi misma, pero sobretodo había pretendido engañar a Dios, cosa que jamás pasa.  Pase días sintiéndome mal y tratando de comprender porque me estaba sucediendo esto a mí. Fue un año difícil para mi, mi mundo entero comenzaba a desboronares y no encontraba felicidad con nada. El haber querido comenzar una relación con una persona no cristiana, había estropeado muchas de las cosas por las cuales había trabajado tanto tiempo, mi relación con Dios ya no era tan intima. Yo sola había descuidado mi corazón.

Lo primero que tuve que hacer, fue alejarme de mi amigo, tuve que pedir ayuda a mis lideres para que oraran por mi, porque no entendía la razón por la que me había pasado esto a mi, incluso no entendía porque ningún buen muchacho se acercaba a mi, mi autoestima se encontraba en un nivel muy bajo por lo que tuve que aprender a verme bella y aceptarme como era.

Empecé a leer más la Palabra de Dios, use libros que me hablaban de cómo cuidar mi corazón de Princesa del Señor, fue ahí cuando comprendí que lo primero que tenía que hacer era enamorarme de nuevo de Dios y aprender a confiar en sus promesas. Dios me mostro que a pesar que le había fallado en ese sentido, él tenia grandes planes para mi, planes que para ese momento yo no me consideraba digna de ellos. Pero con su amor infinito él me abrazo y demostró una vez más que sus promesas son grandes y mejores de las que podemos imaginar.

Así que querida amiga comparto mi historia, para que no desperdicies tu tiempo queriendo convertir a un Sapo Verde en un Príncipe Azul, porque esas cosas no suceden en la vida real. Es mejor espera el tiempo que sea necesario para que ese Príncipe Azul llegue ya convertido en ese hombre que busque ser un hombre conforme al corazón de Dios (Hechos 13:22), que llegará a tu vida hacer que tu final sea un “Felices para siempre”, que perder tu tiempo con un Sapo Verde que no traerá nada sano a tu vida.  Si estas teniendo una relación con una persona inconversa o estabas pensando tener una relación con una persona no cristiana conoce lo que la Biblia nos enseña acerca de este tema:

El noviazgo es la ante sala al matrimonio y si empiezas a pensar que tu pareja será la persona con la que te casará algún día debes obedecer lo que, Pablo nos ordena y nos pregunta: “No formen yunta con los incrédulos. ¿Qué tienen en común la justicia y la maldad? ¿O qué comunión puede tener la luz con la oscuridad? ¿Qué armonía tiene Cristo con el diablo?¿Qué tiene en común un creyente con un incrédulo?” 1 Corintios 6:14-15 (NVI), en la versión de Reina Valera nos dice “No os unáis en yugo desigual”. La mayoría estamos de acuerdo en que el matrimonio entre un cristiano y un inconverso está prohibido por Dios, quien se casa de esta forma puede estar seguro que está actuando en contra de la voluntad de Señor. Y te preguntarás ¿porqué? Y la respuesta es porque el Señor busca nuestra felicidad. Al unirnos en matrimonio estamos formando un solo cuerpo (Efesios 5:31), y  no es posible que en un mismo cuerpo habite el espíritu de vida y el espíritu muerto del incrédulo (sin Cristo), de esta forma nunca habrá comunión espiritual. Pablo nos pregunta que tienen en común la luz con la oscuridad, para hacernos entender que no podemos mezclar ninguna de estas, tú Princesa del Señor que has vivido en los caminos de Dios no puedes cambiar de la noche a la mañana actuando como una persona del mundo que se deja llevar por los placeres de la carne. Un noviazgo con un incrédulo jamás tendrá la bendición de Dios, ni tendrá un futuro bueno y estarás perdiendo tu tiempo como dice Jeremías 2:23 (NVI) “Dos son los pecados que ha cometido mi pueblo: Me han abandonado a mí, fuente de agua viva, y han cavado sus propias cisternas, cisternas rotas que no retienen agua”; no puedes vivir echando agua en una relación con una persona que no busca a Dios, porque lo primero que hará es alejarte de Dios, te hará perder tiempo y energía y al final no traerá fruto bueno.

No debes buscar un hombre que se haga llamar cristiano, sino que debes buscar a un varón donde sus acciones hablen por si solas, donde puedas ver que él ama a Dios sobre todas las cosas, porque si ama a Dios, te amará a ti; para mi un Príncipe Azul no es el muchacho caballeroso, guapo y lleno de cualidades, sino que será un hombre que pone a Dios primero y obedecer su Palabra, te ama, te respeta, y busca construir su casa sobre la roca.  Siempre he creído que el hecho que sea un hombre cristiano  vaya a garantizarnos que sea perfecto, pero por lo menos podrás estar segura que teme a Jehová, por lo que al querer actuar mal lo pensará dos veces.  Además al tener una persona creyente de pareja, compartirán ciertos gustos, actividades y planes que harán que en un futuro puedan formar un matrimonio como el que Dios manda, y si eres una mujer como yo que anhela que se cumpla lo que dice Josué 24:15 “Yo y mi casa serviremos a Jehová”, debes empezar a buscar a un hombre con ese mismo sentir.

A pesar de todo debemos aprender a confiar en Dios, a deleitarnos en su amor, y a ponerlo a él como prioridad en cada área de nuestra vida. Debemos aprender a orar, no para que Dios nos dé una pareja, sino para que nos ayude a elegir sabiamente y siempre conforme a su voluntad (Salmos 32:8-9).  Recuerda que Dios no usa reloj, él nos da las cosas cuando considera que es el mejor tiempo para nosotros, “Dios hizo todo hermoso en su momento (Eclesiastés 3:11)”, aun cuando no alcanzamos a comprender la obra que Dios realiza de principio a fin, no dará una pareja en el momento en él que sabe que estamos preparadas. No lastimemos lo más preciado de la vida, ni arruínenos lo que Dios quiere hacer por nosotras, a veces por apresurarnos tomamos decisiones incorrectas y salimos lastimadas del corazón, recuerda que “Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida. (Proverbios 4:23 NVI)”.

Permite que Dios te ayude a elegir sabiamente quién será esa persona con quien compartirás el resto de tu vida. Recuerda que el noviazgo será la parte previa a tu matrimonio, por lo tanto, debemos ser cuidadosas al elegir.  Además para tener un Príncipe Azul, debes cuidarte y valorarte como Princesa. “Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.” 1 Samuel 16:7

Hoy por hoy soy una mujer plena, me siento linda al verme al espejo, he comprendido que no necesito de una pareja para ser feliz, estoy locamente enamorada de Dios, mi relación con él es cada día más hermosa y tengo de nuevo la ilusión de que mi Príncipe Azul existe.  No ha llegado aún a tocar las puertas de mi corazón, pero estoy confiada en que se encuentra allá afuera y que al igual que yo oro por él, él ora por mí. Esperar en Dios no es sencillo, pero estoy segura que será algo que valdrá la pena. Sé que el Señor me dará lo mejor, porque él conoce los anhelos de mi corazón. Pero al mismo tiempo se que debo obedecer a su Palabra.

“Confía en el Señor y haz el bien; establécete en la tierra y mantente fiel. Deléitate en el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón.  Encomienda al Señor  tu camino; confía en él, y él actuará.” Salmos 37:3-5 (NVI)

Las Princesas no besan sapos…

¡Confía en Dios y prepara tu corazón para que sea

Conquistado por un verdadero Príncipe Azul… un hijo de Dios!

Un abrazo fuerte,

Astrid Rosales (Guatemala)