La depresión no dura para siempre

helen depre peqMe sentía sola, demasiado sola; vacía, infeliz, sabía que mi autoestima estaba baja; si, mi vida parece no tener mayores complicaciones e incluso algunas personas me consideran “dichosa”, tenía una casa cómoda, una familia grande y estable, servía en la iglesia y trabajaba en algo en lo que siempre desee trabajar y, pues si, estaba agradecida por las “cosas” que Dios me había dado… pero algo no estaba bien, bueno no algo, muchas cosas… le pedía a Dios que me llenara, que si algo estaba haciendo mal que me ayudara a corregirlo… y así, noches llorando, sin comprender, hundiéndome más y más en ese agujero del cual por más que intentara, no podía salir… trataba de ser optimista, leí muchos libros sobre  superación personal; pero nada tenía efecto por más de uno o dos días.  No comprendía totalmente cómo había llegado a ese estado, era casi perenne el estado de melancolía y tristeza que me envolvía, ya no era la misma, oraba, mi petición no cambiaba, estaba desesperada.

Me invadía un sentimiento de culpabilidad por sentirme de esta manera, pues, sentía que estaba siendo desagradecida con Dios, porque era bendecida y aun así mi vida no tenía sentido, tanto que afectó mi salud física y aunque sabía que estaba con un cuadro de depresión, era tanta la culpa que no sabía cómo pedir ayuda… Pero lo hice, busqué ayuda profesional. Fue un proceso de varios meses, recaídas, pero lo que comprendí y descubrí sobre mi misma y mi vida, es lo siguiente:

Acepté el problema. Comprendí que estaba deprimida, que era bueno reconocerlo y no cuestión de sentirme culpable y avergonzada por pedir ayuda, que aunque en ese momento me sintiera en un agujero tan profundo y oscuro, con ayuda iba a lograr salir de ahí, porque había luchado con mis propias fuerzas, pero Dios deseaba ayudarme.

Mis prioridades estaban desbalanceadas, descuidé sin darme cuenta lo que realmente importa, me involucré en muchas cosas con tal de sentirme útil y bien, que perdí el norte y dejé que las ocupaciones y los asuntos menos importantes tomaran el lugar que mi relación con Dios, mi familia, etc. es difícil reconocerlo, pero es sanador darte cuenta y  tomar cartas en el asunto.

Mi identidad como persona y como hija de Dios, no era la correcta. ¿Cómo sucede eso, siendo cristiana? Pues simple: sabía que Dios es mi padre y yo soy  su hija, podía recitar y decirte porqué yo era hija de Dios,  que derechos y obligaciones tenía como tal; pero realmente no comprendía, reconocía, ni aceptaba esa identidad, en mi corazón mi identidad era más de sierva que de hija, y como hija Dios no quiere que estemos en lugares áridos y oscuros, El quiere sacarte de ahí con amor para restaurarte, puedes leer 1 Pedro 2:9.

Descubrí mi propósito, he de reconocer que esta es un arma que el diablo utiliza para desvalorizarte y llenar tu mente de mentiras sobre si realmente haces la diferencia o no en esta tierra, si vale la pena seguir viviendo o intentando salir de donde estás y si  le importas a alguien. Queremos que se nos revele algo específico respecto a que propósito tengo en esta tierra, que quiere Dios que  haga, y no nos damos cuenta que en la Biblia nos habla acerca de su voluntad para tu vida, “Como azucena entre las espinas, es mi amada entre las mujeres. Cantares 2:2 NVI” en otras versiones dice rosa, lirios; cuando un lugar o jardín, es árido, donde nada bueno crece, cuando aparece una flor, por pequeña o sencilla que parezca, esa flor es digna de admirar,  llena de esperanza e inspira.

Dios te escogió a ti, te hizo hermosa y su hija, no importa el lugar o momento en el que te encuentres, un hermoso jardín, un lugar de espinos, un desierto, una tormenta… fuiste creada para dar luz, belleza, amor, esperanza, para mostrar el carácter de Dios a través de ti a quienes te rodean. Cuando la tristeza o desánimo quiere venir de nuevo a mi vida, recuerdo este versículo y lo que aprendí, abrazo su promesa, que todo es para bien a quienes le aman, reposo en Dios, le hablo y sigo avanzando.

Cuando reconoces, aceptas y abrazas tu identidad como hija, reposar en las manos de tu Padre es fácil de hacer, porque sabes que El tiene cuidado de todo, respalda tu trabajo y hace ligera tu carga, porque puedes acercarte con mayor libertad a El y realmente experimentar su amor y conocerle, aprendes a valorar y maravillarte aún de las cosas más pequeñas porque entiendes el cuidado de Dios para ti. Dios te quiere hacer libre, trabajar en tu corazón y mente para sacarte de ese agujero oscuro, para quitarte esas cadenas que no te dejan ser quien realmente eres,  si Dios trabajó conmigo y me ayudó a salir de ese lugar, cambió mi mente y corazón, puede hacerlo contigo porque es su deseo que tu vivas una vida de bendición, que seas luz y de bendición a los demás.

Recuerda que para salir de la depresión se necesita un  proceso y puede que sea largo, pero recuerda que es algo momentáneo, “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria. 2 Corintios 4:17”, aunque sientas que te quedas estancada, sigue, no te detengas, Dios va a terminar lo que ha empezado en tu vida y podrás disfrutar lo que El tiene para ti.

Uno de los libros que me ayudaron y con cuyo personaje principal me identifiqué mucho es: “Pies de Ciervas en los lugares altos” de Hannah Hurnard. Cuando lo leas, pide al Espíritu Santo que te hable y  conforte tu corazón.

Con cariño,

Helen Marroquín, Guatemala

(Escritora invitada)