No me gusta mi cuerpo

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¿Qué mujer no se ha enterado de las “medidas perfectas”? Como soy un poquito curiosa, decidí investigar quien tenía la culpa de tal idea, Lastimosamente, fue toda una civilización la de la culpa, y como no puedo odiar a todos los griegos, decidí mejor aprender a aceptarme.

Creo que todas hemos pensado más de alguna vez que no nos gusta algo de nosotras, y es completamente normal. ¿Quién no se ha visto al espejo y pensar “podría cambiar esto, no me gusta aquello, blah, blah, blah”? De nuevo, creo que todas lo hemos hecho.

Les contaré un poco de mi. Soy una jovencita de tez morena, altura promedio (que no sobrepasa el 1.60 metros), con cabello abundante negro y medidas grandes. Sé que es algo de lo que no me debería de quejar, pero en una sociedad bombardeada por los medios de comunicación y las ideas de “perfección” y “belleza” algo cerradas, me ha costado ver el lado bueno de mi cuerpo (como ser abrazable, una de mis mejores cualidades).

Desde comprar un pantalón que me quede bien, hasta compararme con le gente que me rodea, el querer mi cuerpo tal y como es ha sido toda una aventura. Noches y noches oré al Señor reclamándole por qué me había dado el cuerpo que tenía. Me veía al espejo y me enojaba conmigo misma. Lloraba cuando no me gustaba mi reflejo. Veía a las demás como perfección y yo… yo solo era una creación más.

Años tuvieron que pasar para que fuera libre de eso. Les diré como pasó: Una mañana me levante de la cama, me estire y me dirigí al baño para iniciar mi día. Luego de lavarme la cara, levante la vista y ¡BAM! Vi frente a mí a la creación más maravillosa de la vida, me vi a mi misma. No entiendo aún como y cuando paso, pero aprendí a verme con los ojos de Dios. Aprendí a verme como Dios me miraba: Como su hija, su princesa, una perfecta creación.

Y Dios creó al ser humano a su imagen, lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó.” –Génesis 1:27– (NVI). Claramente nos dice la biblia que Dios nos creó a su imagen y semejanza. SU imagen. Por lo tanto, cuando pensamos que somos feas… estamos diciéndole feo a Dios, ¿no? En mi mentecita no cabe que Dios sea una persona fea, la verdad, pienso que ha de ser perfecto. Y si Dios es perfecto, y nosotros somos sus hijas, ¿no nos hace eso perfectas a nosotras también?

En una de las primeras prédicas que escuche respecto a la belleza, a la mujer se le comparaba con la parábola de la Perla y la del Tesoro Escondido (Mateo 13:44-46). Esa vez nos explicaron que Dios nos ama tanto, no importando como somos, que dio TODO lo que Él era para poder tenernos a su lado.

Sé que no hay un versículo o un mandamiento que diga explícitamente algo como: “Amate, oh creación de Dios. Con lonjitas o no, el Señor tiene grandes cosas preparadas para ti.” Pero, hay versículos que nos indican cuanto nos ama Dios. Por ejemplo el Salmo 139:13-14 dice “¡Tu creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre. Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé yo muy bien”.  ¿Qué más prueba necesitamos? Dios no crea cosas feas, desaliñadas, o desagradables a la vista. Dios hace creaciones admirables, como tú y yo.

Sé que están pensando, ¿De qué sirve que quiera mi cuerpo? En Marcos 12:31 Jesús dice claramente que debemos “amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos”. Querer y aceptar nuestro cuerpo es amarnos a nosotras mismas. Y debemos aceptarnos para poder amar a los otros. En fin, todo es una cadena de causa y efecto: Dios me ama, yo me amo, amo a los demás y muestro el amor de Dios para que ellos lo amen a Él y todo vuelve a iniciar.

No digo que trabajar para que nuestra apariencia no sea importante, pero debemos recordar que nuestro amor por Dios y nuestra actitud es la que hace la diferencia. La belleza es pasajera. En 1ra de Pedro 3:4 nos dicen “Que su belleza sea más bien la incorruptible, la que procede de lo íntimo del corazón y consiste en un espíritu suave y apacible. Esta sí que tiene mucho valor delante de Dios.” A Dios no le interesa si tenemos unas cuantas libras de más, ni le interesa nuestra altura, color, tipo de cabello. Le interesa la verdadera disposición de nuestro corazón. Y si tu pena es que es lo que los demás piensan, ¡no te preocupes! Serás bella cuando te veas como una mujer bella. Si lo crees, lo serás. ¿Por qué? Simple. La manera en la que los otros te ven es solo el reflejo de cómo te vez a ti misma.

No puedo obligarte a amarte. No puedo mover una varita mágica y quitar todos los complejos que podamos tener (aunque me encantaría). Pero, puedo guiarte en una pequeña oración, agradeciendo por lo que eres. Para mí, ese es el primer paso para amarnos, y la mejor forma de agradar a Dios.

“Amado Padre. Gracias por otro día más de vida, hoy vengo ante ti para darte gracias por mi cuerpo. Gracias porque la belleza que proviene de ti es más grande que la que el mundo me presenta. Gracias porque me amas tal y como soy y te pido me ayudes a ver lo bella que soy cada día de mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.”

Amémonos tal y como somos. Nuestro cuerpo es como es por varias razones: Genética, ambiente, crianza, lo que sea. Altas o bajas, delgadas o llenitas, morenas o blanquitas; Dios nos ama tal y como somos. Amemos nuestro cuerpo tal y como es. Una vez veamos lo bueno en nosotras, toda nuestra vida dará un giro y el espejo dejará de ser nuestro enemigo.

Un gran abrazo a todas, bellas hijas de Dios:

Con Cariño,

Carmen Rizzo, Guatemala