¿Perfeccionismo o excelencia?

Estas dos palabras tienen una línea de separación muy fina que puede ser cruzada cuando hacemos algo en el ministerio, en nuestro diario vivir o en nuestros lugares de trabajo.

La escritura nos muestra la magnificencia de Dios y Su excelencia. Por ejemplo Salmos 150:2 nos dice, Alabadle por sus hechos poderosos; alabadle según la excelencia de su grandeza.

Como hijos de Dios hechos a su imagen y semejanza el Espíritu Santo va transformándonos de gloria en gloria, nos va transformando más en la imagen de Jesús. Poco a poco hay un espíritu de excelencia que Él va desarrollando en nosotros. Pero este deseo nace como resultado de nuestros encuentros con su presencia, gracia y amor.

Creo que este es un tema muy importante que tenemos que tener muy claro, porque podemos cruzar la línea de la excelencia en todo lo que hacemos al perfeccionismo. El perfeccionismo es desarrollado por nuestra carne, que está llena de tendencias, inseguridades y temores que van en contra de lo que Dios desea para nuestro caminar en libertad.

Tenemos que aprender a reconocer la voz de nuestro buen Pastor (Juan 10:27) para que podamos estar alerta y reconocer otras voces extrañas para no ponernos de acuerdo con ellas. Te recomiendo que leas todo el capítulo 10 del evangelio de Juan.

La voz de excelencia dirigida por el Espíritu Santo produce un deseo dentro de nosotros de dar lo mejor, que en realidad son simplemente 5 panes y dos peces, pero en fe los traemos a su presencia sabiendo que simplemente estamos colaborando con Dios y Su plan perfecto. Él toma nuestra ofrenda y la multiplica de una manera sobrenatural, El realiza su plan perfecto y al final el recibe toda la gloria.

Ahora la voz del perfeccionismo que es dirigido por las tendencias de nuestra carne y por nuestras heridas nos lleva al egocentrismo y a ponernos de acuerdo con un espíritu de control que dice “yo tengo que ser el mejor” o la razón de que hago lo que hago está basado en la necesidad de ser aceptada, halagada y con una necesidad de competir con lo que otros hacen, para hacerlo mejor y así poder sentirme satisfecha conmigo misma.

También el perfeccionismo nos limita a lo que podemos hacer nosotras mismas en nuestra propias fuerzas y por ende serán resultados humanos que son limitados y sin fruto eterno.

El gran problema es que todas estas cosas están basadas en miedo y no en nuestra identidad como hijas, están basadas en las tendencias de orfandad que teníamos antes de ser parte de la familia de Dios, antes de que experimentáramos su amor como Papa y su deleite en nosotras como hijas.

Así que mi amiga lectora te aliento en esta oportunidad de salir de estas prisiones y que identifiques cualquier acuerdo que hayas hecho con el perfeccionismo, control, temor y el espíritu de orfandad. Quebranta todo acuerdo en el nombre de Jesús que hayas hecho con estas cosas y pídele al Espíritu Santo que llene todos esos lugares, que los llene con la excelencia que proviene de Él, en amor e identidad como hija amada.

Has sido creada para vivir en libertad, así que mi oración es que sea desatado sobre ti el destino que Dios tiene para ti y vivas en la plenitud de Su amor y plan para tu vida.

¡Lo mejor está por venir!

Con amor del Padre,

Lucy Cantrell, Arizona