Quiero ayudar al prójimo, donde empezar?

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Con mi ejemplo les he mostrado que es preciso trabajar duro para ayudar a los necesitados, recordando las palabras del Señor Jesús: “Hay más dicha en dar que en recibir”. Hechos 20:35

Los dos mandamientos que Jesús nos dejo fue amarlo a él por sobre todas las cosas, y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. En nuestra vida diaria muchas veces nos volvemos egoístas, y pensamos solo en nosotros mismos. Que quiero, que necesito que tengo y que no tengo. Y dejamos de pensar en las demás personas. También tenemos la idea errónea que si no contamos con los recursos económicos necesarios tampoco podemos ayudar a las personas. Entonces, ¿Dónde empezamos?

Nuestro prójimo puede ser cualquier persona. Nuestros padres, hermanos, amigos, o personas necesitadas. La ayuda la podemos empezar dando con nuestro tiempo. Por ser un recurso valioso para nosotros, muchas veces nos cuesta compartirlo, pero es una de las mejores cosas con las que podemos ayudar a nuestro prójimo. Desde ayudar a nuestro hermano o hermana con una tarea, darle una palabra de aliento a nuestros amigos, o dar nuestro tiempo en actividades de voluntariado o de servicio en nuestra iglesia, todas estas son formas de ayudar a nuestro prójimo.

A mí me pasaba muchas veces que tenía que estudiar o hacer otras cosas, y pensaba que no tenía tiempo para ayudar. Pero recuerdo un día antes de un final de Matemática, que era una clase que me costaba mucho, decidí acompañar a un grupo de amigos a entregar chocolate a un Hospital. A parte de desestresarme, el ir con otras personas a regalarles una taza de chocolate y darles una palabra de aliento lleno tanto mi corazón y me hizo sentir tan bien, que deje de preocuparme de mi clase, y supe que Dios iba a retribuirme el tiempo que decidí dar a otras personas. Y gracias a Dios gane mi clase. Eso es parte de dejar de pensar en nosotros mismos por un instante y empezar a ayudar al prójimo. Nunca es tarde para empezar, y ahora miramos a nuestro alrededor tantas actividades en las que nos podemos involucrar para ayudar a nuestro prójimo, y la primera puede ser en nuestras propias casas, como lo mencione anteriormente.

El ayudar a otras personas se debe convertir en un estilo de vida, que nos permitirá no sólo sentirnos satisfechos porque hemos contribuido con otras personas, sino también a ser agradecidas con todo lo que por gracia de Dios tenemos, y muchas veces no merecemos. También el ayudar a otras personas deja una huella muy significativa en sus vidas, que quizá no sea retribuida instantáneamente, pero en el futuro lo puede llegar a ser.

Hace unos días pude ver un video de un señor asiático que siempre ayudaba a las personas. Un día ayudo a un niño de escasos recursos, y muchos años después Dios le devolvió todo lo que él siempre había hecho por las personas desinteresadamente.

 

No debemos ayudar con el interés propio de que nos sea devuelto, pero tengan la confianza plena que termina siendo de esa forma, porque no hay justo que desampare Dios en ningún sentido.

Con cariño,

Evelyn González, Guatemala