Buscando el amor verdadero

amor carmen

Ah, el amor. Febrero es el mes más cursi, meloso y romántico del año. Dondequiera que vayamos, veremos corazoncitos, osos de peluche, globos con mensajes amorosos y parejas viéndose con ojitos cariñosos. Ah, Febrero, por seguro, nos hace pensar en el amor verdadero.

Pero… ¿qué es el amor verdadero? Bien, imagino que todas tenemos una idea, por lo menos, básica sobre el amor. Según la Real Academia Española, el amor es “Un sentimiento intenso del ser humano, que partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.”

Para mí, el amor es eso que se siente no solo al ver a esa persona especial, si no a todo aquél que es importante para ti. Amor es escuchar, comprender, velar, defender  y soportar a aquellas personas con las que tienes un vínculo especial.

Muchas creemos que el amor verdadero es aquel que de película. Imaginemos esto: “Estamos sentadas en una cafetería, tomando nuestra bebida preferida, esperando a nuestra mejor amiga mientras revisamos nuestro celular. De pronto, sentimos la necesidad de levantar la mirada y al hacerlo, nos encontramos con un par de ojos al otro lado del lugar. Nuestro corazón se acelera. Nuestra mente se hace un nudo. Nuestro mundo se vuelve esos ojos que nos ven con intensidad, caballerosidad y amor. Y en ese instante, en esos cuantos segundos, sabemos que encontramos a nuestro amor verdadero.” Esta es la descripción más novelesca, sin embargo, es la más utilizada. Es la versión de Hollywood. Es la versión que todas desearíamos encontrar.

Yo, en lo personal, creo que el verdadero amor es aquel que es perfecto. Es aquel del que puedo estar completamente segura que existe y que jamás se apagará. Para mí, el verdadero amor es aquel por el que puedo vivir y si llegara a faltarme, moriría. Para mí, el verdadero amor no me lo puede dar un ser humano. Para mí, el verdadero es el amor ágape.

El amor ágape o el amor de Dios, es el amor más perfecto, puro e intenso podamos experimentar. Saben, 1ra de Corintios 13:4-7 nos describe que es el amor:

 “El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso.  No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor.  El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.”

¿No son esas características demasiado perfectas? Vamos, aunque amemos con todo nuestro corazón, muchas veces fallaremos en más de algo. Nuestro amor puede ser sincero e intenso, pero jamás será perfecto. Nuestro amor humano jamás estará exento de nuestros errores humanos. Aunque nos afanemos, jamás podremos amar como Dios ama, Él nos ama aun cuando le hemos fallado, ofendido, lastimado o ignorado.

Sin embargo, aunque el verdadero amor parezca algo inalcanzable, está más cerca de lo que creemos. ¿Cómo? Bien, en 1ra de Juan 4:8, Pablo nos dice que El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.

Si Dios está con nosotros, significa que su amor, ese amor descrito en 1ra de Corintios 13. Ese amor tan perfecto y verdadero está dentro de nosotros. Y si esta dentro de nosotros, podemos darlo a los demás. Seguramente no podremos darlo a la perfección, pero una vez sembrado, crecerá en ellos y llegará a ser perfecto.

El verdadero amor no es cuestión de suerte. No es una buena historia de Hollywood, o la escena más romántica de un libro. El amor verdadero es aquel que encontramos en la soledad de nuestro cuarto. Es aquel que encontramos mientras oramos al ir a trabajar o estudiar  en la mañana, es aquel que obtenemos sin pedirlo y el cual no podemos perder. El amor verdadero es el que Dios nos da y por el que no pide nada a cambio.

Un GRAN abrazo a todas, y ¡muy feliz mes del amor!

–          Carmen Rizzo, Guatemala