Ceder el control cuando nada tiene sentido

Toda persona ha experimentado dolor, enfermedad, tristeza, la pérdida de un ser querido, escasez, desánimo, angustia, preocupación, desconsuelo, injusticias y tantas otras cosas que no sólo han marcado nuestras vidas sino que muchas veces han agotado nuestras fuerzas. Sufrimos de diferente manera, el sufrimiento es parte de esta vida terrenal pero no hemos sido diseñadas para sufrir por siempre, de hecho Dios siempre busca nuestra felicidad, aún en medio del sufrimiento.

Dios permite las pruebas con un propósito, tú y yo estamos separados de Dios por el pecado que entró en el mundo cuando Adán y Eva decidieron vivir sin Dios, desobedecerle y hacer las cosas a la manera de ellos, el mundo fue corrompido por el pecado y por eso existen la maldad y el sufrimiento.

Esta separación era absoluta y ningún ser humano por mucho que se esforzara podría regresar a su verdadero hogar, nadie podía cumplir con el estándar perfecto de Dios y vencer el pecado.

Pero Dios nos ama tanto que no podía permitir que sus amados hijos vivieran lejos de él para siempre, y ya que nadie era perfecto para obedecer a Dios y enseñarnos el camino de vuelta a casa Dios inició con su plan de rescate, él mismo tuvo que venir a vivir la vida perfecta que tú y yo no podíamos vivir, se vistió de carne y huesos y se hizo hombre, dejando toda su gloria, renunció voluntariamente a todo lo que era suyo, y vino para dar su vida en rescate de la nuestra.

El siendo justo murió por los pecadores, él recibió el castigo que nosotras merecíamos y cargó con todas nuestras culpas, y luego, al tercer día resucitó y ahora está sentado a la derecha de Dios y  muy pronto regresará por todos aquellos que creen en su nombre, y en el sacrificio de la cruz, y que él nos sustituyó para darnos salvación y vida eterna.

El mayor sufrimiento que alguien haya podido sufrir fue el que Cristo Jesús padeció por nosotros, él no nos prometió que en esta vida todo nos iba a ir de maravilla, al contrario, en Juan 16:33 nos dijo: “Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo.”

Ninguna circunstancia, prueba o dificultad que atravesemos será en vano o que carecerá de sentido. Todo forma parte de un plan, el plan maravilloso de Dios que busca nuestra felicidad aún en medio del sufrimiento.

Si un niño se enferma y sus padres le dan la medicina que sabe horrible pero que es necesaria para que recupere su salud, nadie diría que esos padres son malos pues sólo quieren el bienestar de su pequeño hijo. De la misma manera estoy convencida de que el pecado era una enfermedad que no tenía cura pero por medio de Jesús podemos ser salvados para vida eterna.

Esta vida no es todo lo que hay, Dios tiene preparada para nosotros una eternidad en su presencia donde no habrá más llanto ni dolor, ni enfermedad, ni muerte. Si creemos en Jesús como nuestro Señor y Salvador y lo seguimos, entonces tendremos vida eterna.

Cuando nos damos cuenta del maravilloso sacrificio de Jesús por nosotros, hallamos en él la verdadera felicidad, la verdadera vida, y no vivimos según lo que vemos, sino según la esperanza que tenemos en él. Jesús es más que suficiente, su amor nos basta para soportar las tormentas de la vida pues sabemos hacia dónde vamos y que sus promesas son eternas, su gozo nos da esperanza en medio de la tribulación y ya no luchamos con nuestras fuerzas sino que confiamos en él, y él nos sostiene, nos alienta y nos abraza.

Suena fácil decirlo, porque es difícil dejar que él tome el control. En abril de 2016 le diagnosticaron cáncer a mi mamá, tuvo una cirugía y luego quimioterapias, la noticia hizo que nuestros corazones se entristecieran pues también perdimos al mayor de mis hermanos hace algunos años, sin embargo Dios nos sostuvo y nos dio las fuerzas para pasar por ese proceso y animar a otros que pasan por lo mismo que nosotros, ceder el control cuando nada parece tener sentido, cuando no entiendes porqué, es difícil pero  cuando lo haces encuentras paz, consuelo, esperanza, y nuevas fuerzas en Cristo.

En 1 Tesalonicenses 5:16-18 dice: “Estén siempre alegres, oren sin cesar, den gracias a Dios en toda situación, porque ésta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús.” Las pruebas nos transforman a la imagen de Cristo y nos enseñan a depender de Dios, podemos decidir qué actitud tendremos, podemos protestar y quejarnos al punto del desconsuelo ó podemos humildemente rendir nuestro corazón a nuestro Salvador y estar seguras de que en su buena voluntad todas las cosas ayudan para nuestro bien.

Oremos por un corazón agradecido en todo tiempo, y confiemos en el gran amor de nuestro soberano Dios pues él siempre tiene el control de TODO. 1 Pedro 5:10-11: Y después de que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia que los llamó a su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables. A él sea el poder por los siglos de los siglos. Amén.

Con cariño,

Vicky del Cid, Guatemala

Enero 2016