¡Examina mi corazón, Oh Dios!

Muchas veces sentimos que vamos caminando en un desierto árido, donde no florece nada, sedientos y necesitados de sombra y refrescamiento. Otras veces nos sentimos atrapados en medio de una gran tormenta en el mar, intentando refugiarnos en una pequeña balsa a punto de hundirse. Algo inevitable para todo ser humano… es el tiempo de prueba. Muchos o creo que todos, huimos de ella, nadie quiere sentirse débil, vulnerable o padecer sufrimientos.

En la Biblia vemos a un personaje que pasó por una situación extremadamente difícil. Este hombre se llamaba Job, el cual en un día perdió su riqueza, su salud e incluso a sus diez hijos. Aunque en el momento inicial de la prueba, Job alabó a Dios reconociendo que de Dios eran todas sus posesiones y que Él era quien las daba y las quitaba y dijo: “¿Aceptaremos solo las cosas buenas que vienen de la mano de Dios y nunca lo malo?” (Job 2:10). Pero al pasar el tiempo, empezó a quererse justificar delante de los hombres para probar su inocencia ante la catástrofe que le había venido. Los días pasaron y Job empezó a contar lo bueno que él era y a relatar sus buenas obras para así demostrar que él no había hecho nada malo para recibir ese castigo. Incluso hasta retó a Dios diciendo que ante él probaría su inocencia.

Muchas veces lo que más nos cuesta en el tiempo de prueba es ser pacientes y es ahí cuando nos desesperamos y hasta culpamos a Dios por lo que nos está pasando, nos sentimos las víctimas de nuestros sufrimientos a causa de la prueba. Señalamos con el dedo hacia arriba para decir, “¿Por qué me está pasando esto a mí?” “¿Dios, porqué me estás afligiendo si soy inocente?”. Es peligroso este tipo de quejas, ya que encierran un mensaje escalofriante… Dios le respondió a Job de la siguiente manera: “¿Pretendes declararme injusto y culpable, a fin de que tú aparezcas inocente?” Job 40:8 (DHH). Ten mucho cuidado en el tiempo de prueba en no pretender justificarte, echándole la culpa a Dios de lo que te esté pasando. Más bien creo que debemos cantar alabanzas como: “¿Porque yo he de pagarle mal al que me hizo tanto bien? Oh Jesús ayúdame a serte fiel.” o “Trae gloria a tu nombre, a través de mi aflicción. Dame tu gracia para ver que vivir es Cristo.” Por eso, acertadamente decía Charles H. Spurgeon: “Querido amigo, cuando la pena te presione contra el suelo, adora desde allí.”

En el tiempo de prueba pasan cosas importantes, es allí donde realmente conocemos donde está parada nuestra fe, es allí donde mostramos qué tanto dependemos y confiamos en Dios. A veces pensamos en el período de prueba como un momento difícil y doloroso que queremos que acabe pronto, pero la prueba es mucho más que eso. ¿Te pasó alguna vez estando en clase que llegó tu maestro con una prueba sorpresa? No es nada agradable si no estás preparado. El maestro puso delante de ti un examen con muchas preguntas y evaluó que tanto habías aprendido de la materia. Ese examen prueba que tanto has aprendido. Lo mismo pasa cuando nuestro Maestro nos pone una prueba sorpresa (examen) delante de nosotros, la cual no esperamos.

Debes saber que esta prueba no vino accidentalmente a tu vida, Dios mismo la diseñó específicamente para ti y Él espera que respondas bien las preguntas de ese examen. Esa prueba lleva tu nombre desde antes que nacieras, Dios en su soberana voluntad la preparó para moldearte y hacerte más como Cristo. Esto era tan claro para el salmista que expresó lo siguiente: “Me viste antes de que naciera. Cada día de mi vida estaba registrado en tu libro. Cada momento fue diseñado antes de que un solo día pasara.”  Salmos 139:16 (NTV). Entender esto cambia la perspectiva de la prueba, deja de quejarte y pídele a Dios que te ayude a salir aprobado. Recuerda las palabras de John Piper: “Ninguno de mis sufrimientos se asemejará a los que Cristo sufrió por mí ¡Ay de mí por quejarme!”.

Otra forma de entender la prueba es cuando una mujer que se ha casado recientemente o hace años está a la espera de quedar embarazada. Anhela con ansias concebir. Por otro lado vemos a una mujer que tiene sospechas de estar embarazada y sabe que tendrá consecuencias con su familia y la sociedad porque tristemente no es un bebé deseado. En ambos casos ellas se harán una prueba de embarazo para saber cuál es su estado actual. El resultado de esa prueba, ya sea negativa o positiva, cambiará completamente su vida. Para nosotros es importante entender que la prueba que estamos pasando evidenciará nuestro estado actual: ¿Estamos confiado o no en Dios? Si existiera una prueba que al poner tu ADN se evidenciara si eres o no cristiano, seguramente estarías muy interesado en que la prueba resultara positiva. Así espero que anheles salir aprobado delante de Dios en esta prueba que estás atravesando. Es hora de que ampliemos el entendimiento de que es estar bajo una prueba, que entiendas que ella sacará lo más positivo o lo más negativo de ti y será fruto de lo que sabes y quién eres realmente.

Dios a veces nos lleva al desierto para humillarnos, para probar nuestro corazón, para ver si seremos obedientes a Él sin importar las circunstancias (Dt 8:2-3), la prueba mostrará si tu fe es real. Por eso únete a la súplica que hizo el rey David: “Dios mío, examíname y conoce mis pensamientos; ponme a prueba y reconoce todos mis pensamientos. Fíjate si tengo algún mal pensamiento y guíame por el sendero que me lleva hacia ti.” Salmos 139:23-24 (PDT). Dios sabe por lo que estás pasando hoy y te comprende, es más; Él tiene compasión de ti porque Él sufrió más que todos nosotros pero sin pecar, por eso podemos ir confiados delante de Él para recibir misericordia, gracia y su ayuda cuando más lo necesitamos. (Hebreos 4:16). El pastor Sugel Michelén dice que no hay un maestro más eficaz que el dolor y la aflicción, es en momento de aflicciones en nuestra vida cuando sale a relucir lo que realmente nosotros somos. ¿Acaso no son las aflicciones las que nos llevan a depender más del Señor? ¿Acaso no son las aflicciones las que contribuyen a nuestra madurez? No te canses de continuar negándote a ti mismo. No te canses de tomar tu cruz. No te canses seguir a Cristo porque Dios no se cansa de seguir moldeando tu corazón.

Alicia Salazar

(Ali de Cristo)

Guatemala, mayo de 2019