Guardando el corazón a mi manera

No llevo la cuenta de cuántas veces he tenido el corazón roto por haberme enamorado de un chico al que no le gusto. Los sentimientos que vienen a mi son una mezcla entre frustración y desánimo acompañados de la frase “no me vuelvo a enamorar”. Y es que enamorarse y ser rechazada es algo muy doloroso de superar, si lo intentamos solas… a nuestra manera.

Recuerdo que varias de las veces en las que pasé por esa experiencia oraba al Señor diciéndole “Señor tú conoces mi corazón, y sabes que ese chico me gusta, pero te pido que, si no me conviene, lo apartes de mi camino” y es una oración llena de sabiduría, pero casi siempre fueron palabras que salían de mi boca en momentos de desesperación y tristeza profunda.

La mayoría de las veces no había ninguna acción de mi parte para dejar que Dios hiciera lo que deseaba, sino más bien, había deseos caprichosos en mi corazón de “no darme por vencida” porque según yo ese muchacho podría ser el amor de mi vida y persistía incluso aunque no fuera tratada como debería ser.

Lo más frustrante de todo, era que cuando ocurría algo y finalmente era rechazada, tomaba dos actitudes extremas que para nada son buenas. Primero me cuestionaba y me auto atacaba, me decía cosas como: “no soy suficiente”, “no soy tan bonita”, “si fuera más delgada”, “si mi cabello no fuera un desastre”, y  hacía estos a mi propia autoestima, y esto, definitivamente no me hacía ningún bien.

La segunda actitud que tomaba era la de “no me vuelvo a enamorar”, “no voy a dejar que nadie me lastime otra vez”, y “no voy a volver abrir mi corazón porque no vale la pena”. Quizás ésta, era la actitud más peligrosa, porque durante mucho tiempo permití que mi corazón se endureciera y aunque lo negaba, en lo profundo de mi corazón crecía una raíz de amargura.

Mateo 6:21 NVI dice: “Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón”. A veces como mujeres solteras y a veces también en algunos matrimonios, solemos idealizar una relación como lo mejor que nos puede suceder, o como la manera en la que vamos a ser completamente felices, sin embargo, ningún hombre puede llenar las necesidades de nuestro corazón, sino sólo Cristo.

El pensar que un novio o un esposo puede hacernos felices, simplemente es poner sobre ese hombre una carga pesada que se convertirá en frustración para él y para ti en el futuro. Tendemos a poner nuestro corazón en la idea romántica del amor con finales felices, pero olvidamos que en la vida real no todo es color de rosa, que como seres humanos fallamos y nos equivocamos.

Dios nos manda a guardar nuestros corazones, porque nos ama y no quiere que salgamos lastimadas innecesariamente. Yo intenté guardar mi corazón, y créeme, no pude hacerlo sola. La buena noticia es que cuando Dios nos manda algo, nos da la forma de hacerlo, porque es misericordioso y bueno.

Filipenses 4:7 dice “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús”. Cuando ponemos nuestra confianza en el Señor, aprendemos que él sabe más porque sus planes son mejores, nos enseña que Jesús es mejor que cualquier cosa, que cualquier relación o cualquier expectativa que tengamos sobre la felicidad y es porque la felicidad completa tiene nombre… se llama Jesús.

Cuando abrazamos esa verdad, recibimos la paz de Dios que guarda nuestros corazones. Somos capacitadas para ser más sabias incluso al salir con alguien, porque comprendemos que solas o acompañadas, es en Jesús que estamos completas, que somos amadas y perdonadas de nuestros pecados y errores.

Te animo a que, en oración, entregues al Señor tu corazón (roto, herido, endurecido, cerrado o lleno de dudas), pídele que te conceda ver a Jesús como el mejor y mayor tesoro, y que te de un corazón sano, y que si es su voluntad y te vuelves a enamorar, puedas disfrutar el proceso y no perder el enfoque.

Si necesitas consejo y oración en esta área, te animo a que nos escribas, porque es nuestro deseo poder ayudar y a que camines en libertad.

 

Con mucho cariño,

Vicky del Cid, Guatemala

Bella por gracia

Noviembre 2018