Hablando con Él

Muchas noches siento que hay algo que me despierta, al principio no sabía lo que era, usualmente sentía despertar alrededor de las 3 de la mañana, no sabía qué hacer y me ponía a escuchar música, hasta que un día empezaron a venir a mi mente nombres de personas y solamente empecé a orar por ellas, hablar con Dios y pedirle que guardara sus vidas, habían veces que sentía algún tipo de dolor por ciertas personas y mi oración era más intensa, era como si tuviera una cita con Dios de madrugada y yo ciertamente sabía que Él iba estar ahí. Otras noches despertaba y lo único que recuerdo es quedarme dormida, el cansancio puede ganar algunas noches pero otras no es suficiente para apagar la llama que siento por orar por otros.

Talvez estarás de acuerdo conmigo en que “no creo” ser la única persona con este tipo de pensamientos y encuentros, creo que a todas nos puede pasar, a distintas horas del día y cualquier día de la semana… siento que a veces ocupamos tanto nuestra mente que no dejamos entrar ninguna otra idea en nuestro cerebro incluyendo el corazón. Todas hemos escuchado esa voz interna que a veces no es muy clara, pero si pausamos un momento el carro de la vida y prestamos cierta atención a esa voz que nos está hablando podríamos sentir y ayudar más a otros con nuestras oraciones.

Podríamos dejar de pedir y pedir por nosotros y tomarnos el tiempo de orar por otros. No podemos negar que hay muchas personas allá afuera con necesidades que pueden ser provistas, con penas que pueden disminuir y con peticiones esperando ser contestadas con tan solo una oración tuya dirigida a Dios.

Damos por sentado que Dios cuida de nuestra “familia, amigos” del “pueblo” de nuestra “gente” y de nuestro “país”, y aunque no sean tantos los que interceden y oran por los demás, Dios aun cuida de nosotros aun sin merecerlo:

Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os odian y orad por los que os ultrajan y os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos. Mateo 5:44,45

Hay una necesidad inmensa porque oremos unos por otros, es necesario dejar de pensar solo en nosotros, dale una pausa a tu mente y trae en este instante quienes a tu alrededor tienen problemas y necesitan una mano de ayuda… ora por ellos y dale gracias a Dios por sus vidas. Dios está en espera de tu voz, Él quiere salvarnos a todos, pero no todos pueden escuchar. No culpemos a Dios por no estar aquí cuando lo necesitamos, porque en algún momento nosotros mismos le dimos la espalda y le cerramos la puerta con nuestras acciones.

Yo he buscado entre ellos a alguien que los defienda; alguien que se ponga entre ellos y yo, y que los proteja como una muralla; alguien que me ruegue por ellos para que no los destruya. Pero no he encontrado a nadie. Ezequiel 22:30

Yo no quiero que Dios se avergüence de mí, quiero ser obediente y amar más, quiero dejar de ser la víctima y ayudar al que en verdad está en necesidad, la vida sigue, si Dios nos da un día más es porque tiene su propósito y yo lo quiero aprovechar al máximo porque no sabemos el mañana que traerá. Hace unos años decidí darle una oportunidad a Dios y ahora me doy cuenta que el que me dio la oportunidad fue ÉL y soy más feliz que antes y con las pruebas me hago más fuerte.

Toma un momento para leer todo el pasaje de Ezequiel 22, sé que Dios quiere hablarte y muy claro esta vez.

Si tienes alguna necesidad o petición, escríbenos a [email protected], tenemos un equipo de mujeres que están comprometidas a interceder por ti, no importa tu situación o simplemente necesitas que alguien te escuche o buscas consejo, siempre hay una salida y una respuesta para todo.

Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado, cuál es la riqueza de su gloriosa herencia entre los santos, y cuán incomparable es la grandeza de su poder a favor de los que creemos. Ese poder es la fuerza grandiosa y eficaz. Efesios 1:18-19

Con mucho cariño,

Marina Behel,

Alabama US.

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