Hacer las cosas a mi manera vs la voluntad de Dios

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Es increíble ver cómo Dios se las ingenia para hablarnos, busca distintas maneras de hacerse notar hasta que finalmente escuchamos y entendemos lo que ha estado tratando de decirnos. Para mí, hacer la voluntad de Dios y vivir la vida que El planeó para mí es la premisa más importante de vida, mi corazón anhela hacerlo, es algo que me apasiona y que le da sentido a mi vida. Sin embargo, no creas que es fácil! Algunas veces aunque el deseo de vivir esa vida sigue en mi corazón, mis ganas de tener el control y hacer las cosas a mi manera son más grandes que ese anhelo. Me gusta planificar mi vida, saber que voy a hacer la próxima semana, llevar mi agenda y cosas así, y no estoy diciendo que ser organizada sea algo malo, al contrario puede ser algo muy positivo. En mi caso, a veces esa cualidad de ser organizada puede ir un poco más allá y se convierte en el deseo de tener el control, de hacer o solucionar las cosas por mí misma, con mis propias fuerzas y a mi manera. Y es allí cuando en lugar de vivir la vida que Dios planeó para mí, yo misma me convierto en un estorbo para sus planes, mi afán de tener el control y querer saber qué es lo que va a pasar me alejan del gozo de dejarme sorprender por aquel que tiene mi vida en sus manos y quiere lo mejor para mí.

Dios me ha demostrado una y otra vez que sus planes para mí son muchísimo mejores que los míos y sin embargo, a veces lo olvido e insisto en creer que lo que yo quiero hacer es lo mejor, cuando mi visión y mi entendimiento de las cosas son totalmente limitados. No sé si alguna vez te ha pasado que vas en el carro y alguien más va manejando, va al volante (ese alguien tiene el control) y tú vas sentada al lado y sin pensarlo ves venir algo o ves otro carro acercarse e inmediatamente mueves tu pie queriendo frenar. Te ha pasado? A mí me pasa seguido, y es por esa misma necesidad de querer controlar las cosas. Me cuesta confiar o descansar en las habilidades de quien en ese momento tiene el control del carro. Y te cuento este ejemplo porque anoche Dios me lo mostró para ilustrar nuestra conducta cuando no confiamos en que Él tiene el control de nuestra vida. Seguramente tú, al igual que yo has reconocido a Jesús como tu Señor y suficiente Salvador y le has entregado tu vida, sin embargo hay momentos en los que aunque sabemos que Él va al volante, nosotras queremos frenar, esquivar algún obstáculo, en fin, intervenir y hacer las cosas a nuestro modo.

El Rey David escribió: “Guíame, pues eres mi roca y mi fortaleza, dirígeme por amor a tu nombre. Salmos 31:3” Entonces, qué significa que Jesús guíe mi vida?  Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra guiar significa: Ir delante mostrando el camino. Para mí fue revelador leer este concepto, Dios habló a mi vida. Me hizo entender que no estoy sola, que Él va delante de mi mostrándome el camino que debo seguir y que las veces que no sé por dónde ir es porque no lo estoy mirando a Él. Esos momentos en los que pierdo el rumbo, en los que no sé qué hacer o no sé qué va a pasar y me desespero, son aquellos momentos de mi vida en los que he dejado de mirarlo a Él. He dejado de escuchar su voz y he comenzado a escuchar la voz de mis pensamientos, la voz de quienes me rodean. He dejado de verlo a Él y he comenzado a mirar las circunstancias, los problemas, los obstáculos, en lugar de mirar a mi Guía, al Creador del universo, al Dios de los imposibles, aquel que va delante de mí.

 Escribir sobre este tema en este momento para mí es un reto pero a la vez es una muestra de la creatividad de Dios, una vez más el me sorprende con las maneras que encuentra para hablarme. Estoy pasando por uno de esos momentos en los que he querido hacer las cosas a mi manera y he querido planificar y tener el control de mi vida, y Dios se está tomando el tiempo, con todo su amor, para recordarme nuevamente que ese no es mi trabajo, pues es El quien va al volante de mi vida, es El quien tiene el control. Han sido días difíciles, al ver que las cosas no se están dando como yo esperaba, lucho con el deseo de tomar el control y a la vez la frustración de ver que no puedo hacerlo porque es algo que va más allá de mis fuerzas. Al mismo tiempo, ha sido hermoso experimentar el amor de Dios una vez más hablándome al oído y recordándome que sus planes para mí son de bien y no de mal (Jeremías 29:11), aprendiendo nuevamente a confiar, esperar y descansar en El, sabiendo que así como lo ha hecho antes, lo hará también ahora.

Después de pelear y luchar conmigo misma por un tiempo he decidido tener mi corazón expectante y dejarme sorprender por quien me ama más que nadie y sabe lo que es mejor para mí, no solo lo que quiero si no lo que realmente necesito en este tiempo. Hoy te invito a hacer lo mismo, a pedirle con anhelo, con fervor y pasión que sea El quien te guie y te dirija, estoy segura que lo que Dios hará será muchísimo más de lo que tú y yo anhelamos y podemos imaginar.

Cuando Dios guía nuestras vidas podemos estar confiadas y seguras que las cosas van a estar bien, que aunque las cosas no sean como esperábamos, sin duda lo que suceda será para nuestro bienestar. Cuando Dios guía nuestras vidas, no hay obstáculo que no podamos vencer, no hay meta que no podamos alcanzar. Cuando Dios es el guía, la vida es una aventura emocionante que vale la pena vivir y disfrutar.

Oro para que Dios hable a tu vida, para que dejes que sea El tu guía, quien vaya delante de ti mostrándote el camino. No estás sola, Él va contigo.

Con mucho cariño,

Fabiola Colmenarez, Venezuela