He aprendido a callar

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Cuando te preguntan en qué momento has estado más cerca de Dios, ¿Qué respondes? Si te piden que digas cuándo lo has buscado con mayor fervor, ¿Cuál sería tu respuesta? Aunque es hermoso agradecerle a Dios en los buenos momentos y levantar la mirada al cielo para que nuestros labios digan un “gracias” sonriente, creo que para la mayoría de nosotros la respuesta es totalmente lo opuesto a recordar momentos de alegría.

Si hago una línea del tiempo desde el 2012 para lo que llevamos del 2014, puedo ver que mi vida ha estado llena de situaciones que merecen lágrimas tanto de felicidad como de tristeza.

Comencé el año 2012 con situaciones muy difíciles, empecé el año haciendo reposo, dos veces seguidas, por problemas de salud. Creo que fueron más de cuatro meses en total. Eso representa muuucho tiempo de no asistir regularmente a clases, de ir al doctor antes o después de ir a estudiar, tomar medicinas (cosa que no me agrada para nada)…entre otras cosas no muy placenteras. Además, fue el primer año que recibí una nota de parte de mis maestros notificando a mis papás que no iba bien en clase de matemáticas. ¡Una pesadilla! Lloraba y lloraba…culpando a Dios por no haberme guardado y ayudado para evitar cada situación. Trataba de consolarme y tomar fuerzas de Filipenses 4:11 y lo único que lograba era llorar más… Ese mismo año me convertí en líder de un grupo de jóvenes de más de 30 de ellos que asisten, desde entonces, todos los viernes a mi casa para estudiar la palabra de Dios y pasar un muy buen rato. Aunque ahora lo cuento como una de las mayores bendiciones que tengo, al principio no supe organizar mi tiempo entre estudios e iglesia (¡Y enfermedades!) y todo se volvió una crisis rápidamente. Todavía recuerdo que lloraba por todo lo “malo” que pasaba en mi vida.  Todo esto sucedió de enero a abril y yo pensaba: ¡Qué año tan duro!

Realmente no entendía qué sucedía. Si estaba sirviendo a Dios, ¿Por qué me pasaban tantas cosas? ¿A caso no valía todo el esfuerzo que ponía en las cosas de Dios? ¿No merecía algún tipo de inmunidad a desastres por invertir mi tiempo en Él? (jaja…¡Como si la vida con Dios fuera fácil!)

El tiempo pasó y los problemas cambiaron de cara, pero siguen en mi vida. Son distintas las situaciones ahora, pero mi vida siguen sin ser perfecta. Este año ha sido duro también, pues muchos de los planes que tenía para el 2014 siguen sin cumplirse. Ya van varios momentos de estrés y llanto que definitivamente no entrarán en mi lista de favoritos , pero aún así no cambiaría el pasado si tuviera la oportunidad de hacerlo. Es más, si me dieran la opción de quitar toooodooos (porque apenas te mencioné pocos de ellos) los problemas de mi vida…No lo haría.

A pesar de cada situación difícil que he tenido que vivir, ahora veo todos esas lágrimas como un chorro de bendiciones. Ha sido por cada una de ellas que he aprendido que mis planes NO son Sus planes. Es por cada momento de desesperación que he aprendido a callar y solamente refugiarme en Sus brazos.

Yo empujo; Él jala.

Yo lloro; Él consuela.

Yo me quejo; Él escucha.

Yo me enojo; Él me ama.

¿Quién dice que pasar por pruebas es sinónimo de no tener el favor de Dios? Ves, si quitara los problemas de salud que he experimentado, no lo conocería a Él como mi mejor Doctor y Sanador. Si olvidara todas esas noches de llanto, no lo vería como el mejor Consolador. Si desapareciera cada razón por la cual he sentido que mi corazón se parte en cinco millones de pedacitos, no lo conocería como el único capaz de devolver el gozo, la paz y el sentido de amor a mi vida.

En la Biblia, una persona que también expresa qué aprendió de todo lo malo que vivió fue nuestro querido Pablo. ¡Ese hombre sí sufrió! Fue azotado, rechazado, estuvo en la cárcel…¡A mi sólo con tener que caminar tanto para predicar a personas que ni caso hacían me hubiera sido suficiente para quejarme! Y aún así…mira cuál era su actitud:

(1 Corintios 12:7-10) Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltara, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor que lo quite de mí. Y me ha dicho: «Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad.» Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en insultos, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

¿Notan como Dios tenía un plan para el problema de Pablo? Nuestro mensajero sentía la molestia y pedía a Dios que se le quitara. (Se me hace conocido…Yo también hago eso…) PERO Dios le dijo que se bastara en Su gracia. En otras palabras le dijo que dejara de buscar la paz y felicidad en los externo, que se dejara de concentrar en lo que le molestaba y que se enfocara en Él. Sólo en Él. Y, ¿Qué aprendió Pablo? A gozarse en sus sufrimientos. Entendió que todo lo que pasaba en su vida, como dice Romanos 8:28, obraba para bien. ¿Creen que este discípulo cambiaría esta parte de su historia si pudiera? Yo no lo creo. Yo pienso que agradeció esa llamada de atención, aunque tuviera que pagar algún precio.

Y entonces…aprendí. Ahora sé que ser hija de Dios no garantiza que mi vida será fácil y llena solamente de momentos felices, pero sí que cada situación valdrá la pena y aún las penas me serán de bendición. Ha sido muy difícil aprender que aún en los malos momentos Dios se siente cercano. Y no, no es que pase por ellos con una sonrisota diciendo “¡Qué alegre! ¡Me alegra sentirme mal! ¡Yay!“ No…para nada. Pero SI he aprendido a buscar a Dios en cada uno de ellos. SI he cambiado mi forma de pensar a una menos egocéntrica. En lugar de alegarle por no darme justo lo que quería en el momento que YO quería, he cambiado mis palabras por unas más humildes como : “Padre, ¿Qué puedo aprender de esto? ¿Qué me quieres enseñar sobre Ti en este momento?“

Ahora, sé que tal vez mis problemas no son nada parecidos a los tuyos. Tú y yo tenemos vidas, llamados, sueños, propósitos distintos. Dios no repite la misma historia dos veces, siendo el dueño de toda creatividad no tiene la necesidad de hacerlo. Entonces entiendo que pienses que para ti es más difícil hacer todo esto del agradecimiento en medio de la tormenta. Pero, ¿A caso Dios no conoce mejor que tú tu propia historia? Él sabe que es lo que necesito YO para aprender. Asimismo, sabe qué necesitas TU. Puede que nos enseñe de forma diferente como todo buen maestro, pero la lección será la misma : «Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad.»

Esa es mi perspectiva ahora. Si debo pasar por el fuego para llegar a conocerlo mejor, que así sea. Si tengo que llorar ríos para quitarme la idea de que mis planes son mejores que los suyos, no me opongo. Si cada situación fea y desagradable me acercará más a Él…¡Me apunto! Dios nos ama taaanto que no puede dejarnos en nuestra zona cómoda, Él quiere que aprendamos sobre Él y gozemos de Su amor plenamente.

Yo me rehúso a ver las malas situaciones sin enfocarme en la lealtad de Dios. Si en los peores momentos aprendemos a depender de Él, ¡Es pura ganancia!

Que Dios te muestre cuál es Su voluntad y te deleites cada día más en Él.

Con muchísimo cariño,

-Gina Zanuncini, Guatemala