Imperfectas al servicio de Dios

Recuerdo cuando iba a escuela dominical y me hablaban de las grandes mujeres de la biblia: Ester, Rut, María etc. Para mí, eran como un ejemplo a seguir que simplemente sería inalcanzable. ¿Yo, ser como Ester? Que puso en peligro su vida para salvar a todo un pueblo… ¿Yo, ser como Rut? Que dejó todo de lado para honrar a la mamá de su difunto marido… ¿Yo, ser como María, que aceptó la responsabilidad de traer a nuestro Salvador al mundo… ¡Por favor! ¿Cómo podría ser eso?

A lo largo de toda la Biblia, vemos como el Señor escogió a mujeres para llevar a cabo ciertas hazañas que cambiarían el curso de la historia, tanto de Israel, como de la humanidad. Desde Eva, hasta María, la biblia nos habla de esas increíbles mujeres al servicio del Señor, que con su actuar, cambiaron y salvaron vidas.

¿Ejemplos? Débora (Jueces 4) ayudó a guiar al ejército de Israel a una batalla importante por su territorio y derechos. Ana esperó años a estar embarazada, para luego dedicar a su hijo Samuel  al servicio del Señor (1ra de Samuel 1). María (Mateo, Lucas, Marcos, Juan) se arriesgó a ser criticada y discriminada en la sociedad de su tiempo para llevar en su vientre a nuestro Salvador, y lo hizo con gusto y agradecimiento. ¿Cómo podríamos si quiera, llegar a los talones de esas mujeres?.

Frases-25Pero, hay otro lado en la biblia. Un lado que nos dice “hey, ellas son igual que tú”. Lea, mujer de “ojos tiernos” (por no decirle la menos agraciada de la familia) fue quien trajo al mundo al patriarca de la tribu de Judá. Peleó con complejos toda su vida, hasta que aprendió a gozarse en Dios, sin importar lo que su hermana, familia o esposo pudieran creer (Génesis 29). Betsabé (2da de Samuel 11) fue infiel a su esposo con el Rey David. Quedó embarazada y el Rey tuvo la magnífica idea de matar al esposo de Betsabé para que no supieran de su pequeña travesura. Uh!!! que mala idea. Betsabé perdió al bebé, sin embargo, Dios le permitió, mucho después, ser la madre del hombre más sabio de la Tierra “Salomón”. Rahab (Libro de Josué) fue una prostituta que ayudó a los israelitas a entrar a Jericó para luchar por la tierra que Dios les había prometido. Ella y su casa fueron salvas y perdonadas por ayudar al pueblo de Dios.

Las historias de ellas, para mí, significan que tengo una oportunidad, aunque sea mínima, de servir a Dios y ser parte de su historia. El Señor no busca perfección para servirle, sino, la disposición para que Él nos perfeccione y santifique. Si, todas podemos ser como esas heroínas bíblicas. No importa nuestro pasado, nuestro presente o nuestro futuro. Dios lo que desea de nosotras es que seamos santificadas por Él no por nuestro méritos. Así que si alguna vez te desanimas, piensa en todas esas mujeres imperfectas, pecadoras, manchadas y discriminadas que estuvieron al servicio del Señor, por amor y misericordia divina.

Pues por Cristo hemos podido acercarnos a Dios por medio de la fe, para gozar de su favor, y estamos firmes, y nos gloriamos con la esperanza de tener parte en la gloria de Dios. Romanos 5:2

Les mando un gran abrazo, ánimo en todo y sigamos perseverando para ser herramientas en las manos de Dios.

Un gran abrazo,

Carmen Rizzo, Guatemala