Imposible conocerlo y no enamorarse

Soy extremadamente dichosa, bendecida en gran medida. Me siento la persona más consentida del mundo, ¿Sabes por qué? inlove copia 600Seguramente te imaginas que por cosas materiales. Es muy probable que creas que me siento tan feliz por todo lo que tengo y por lo que el dinero me da, pero no. Estoy hablando de todo lo opuesto. Siento que el corazón me explota de felicidad por todas aquellas cosas que me han sido dadas, cosas que no se pueden ver como el amor, paz, seguridad, protección, felicidad, esperanza, entre muchas otras. ¡Qué bendición contar con todo esto…todos los días de mi vida!

Pero, en realidad creo que mi más grande bendición no es ninguna de las anteriores. Claro, son cosas maravillosas y que de seguro me encanta tener, pero lo que más me gusta es el simple hecho de conocer a Aquél que me da todas esas cosas. Sí, conocerlo a Él es lo mejor que me ha pasado. No me refiero a saber que existe, a saber que está allá arriba y creer en que me formó y creó. No, hablo de conocer su corazón. Su forma de ser, pensar…amar.

Últimamente me he dado cuenta en muchísimas ocasiones de lo afortunada que soy de saber que Dios es más que una divinidad lejana que nos ve desde el cielo. He conocido  a muchas personas que me dicen: “Yo no practico ninguna religión, eso no es para mí.“ Y esto me hace querer llorar (o gritarles ¡DIOS TE AMA!) Pero más me hace querer llorar.

Qué triste no conocer a Dios como un amigo que siempre nos recibe con los brazos abiertos, un consejero que siempre está con nosotros para escucharnos, un doctor que tiene la última palabra en mi vida, un salvador que dio todo por amor a mí, un Padre que me cuida y quiere lo mejor para mi vida.

Es fácil y obvio pensar que la religión no es para nosotros cuando lo vemos como un grupo al que nos “metemos“ y tenemos que seguir mil reglas para poder quedarnos. ¡Qué aburrido! Si lo viéramos así, a nadie le gustaría. Me han dicho varias veces: “¿Tu no puedes hacer eso por tu religión, verdad?“ Y esto siempre viene de personas que ven el creer en Dios como una serie de pasos y requisitos.

La verdad les digo: No hago ciertas cosas porque dañan mi salud (¿Cómo puedo decir que amo la vida si mis actos no lo reflejan?) o porque no honran a Quien es digo de toda honra.  En 1 Corintios 10:23 dice: “«Todo está permitido», pero no todo es provechoso. «Todo está permitido», pero no todo es constructivo. “ Así que ahí lo tienen, yo puedo hacer lo que quiera. Que me ayude a ser mejor y que sea beneficioso es otra cosa. ¿Saben qué es lo más chistoso de todo? Que cuando me preguntan lo dicen con una expresión de “Pobrecita tú, no podés hacer lo que nosotros hacemos“. ¡Pero si de pobre no tengo nada! ¡Honrar a Dios es de los placeres más grandes de esta vida y me deleito en hacerlo! ¿Por qué? Simple. Porque me ha dado demasiado y lo menos que puedo hacer por Él es darle lo mejor de mí. Como dice una canción de Abel Zavala: Quiero corresponder al amor que Él me da.

Regresando al tema de conocerlo…Esto se logra después de muchos años. Incluso creo que nunca lo llegaremos a conocer en su totalidad. Sin embargo, así como sucede con nuestras relaciones aquí en la tierra, lo conocemos a medida que pasamos tiempo con Él. ¿Cómo sé qué le gusta?¿Cómo se que le enoja? ¿Qué promesas tiene para mi vida? ¿Qué puedo hacer para adorarlo con todo mi ser?…¿En dónde encontramos estas respuestas? ¡Tin tin tin! ¡Adivinaron! En Su palabra, la Biblia. Ese libro de amor tan completo que nos dejó para que pudiéramos escuchar Su voz en cualquier momento. ¡Tan detallista que es!

Para los que creen que no pueden acercarse a Él porque eso sería ser aburrido: Están equivocados y se están perdiendo de mucho. Para los que no se acercan a Él porque se enfocan en criticar el trabajo de las iglesias: Están juzgando a muchos por las acciones de pocos. Y lo repito: Se están perdiendo de mucho, muchísimo.

Para acercarse a Él no hace falta la perfección. Ni siquiera nos pide estar limpios y puros. A Dios lo que menos le importa es tu condición al acercarte a Él, pero le importa muchísimo tu disposición. Todos fuimos hechos para tener una relación con nuestro Creador. Personalmente, puedo decir que no podría vivir sin contar con esta relación. En mis momentos de alegría, es a Él a quién agradezco. En mis momentos de tristeza, es a Él a quien que me acerco. Cuando estoy preocupada, estar en Su presencia me llena de paz y recuerdo Sus promesas: Él tiene planes de bien para mi vida (Jeremías 29:11), todo obra para bien (Romanos 8:28), él me cubre con Su mano (Salmos 139:5)… Si no pudiera ir, correr y refugiarme en Sus brazos seguramente me sentiría perdida en esta vida.

Si me dices: “Pero, no creo me amé a mí…he hecho muchas cosas en contra de lo que a Él le gusta…“ Te digo: Deja eso en el pasado. Ya no importa. Como dice en 2 Corintios 5:17: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas.“  Cuando estás con el Padre, tu pasado problemático se convierte en el testimonio que Él usa para que ayudes a otros. ¡Ese pasado es una ganancia!

Eso sí, tengo que advertirte: Es imposible conocerlo y no enamorarse. Imposible. Acercarse a Él es acercarse al amor en sí. Reconocer sus maravillas es totalmente cautivante. Ya no puedes salir a la calle sin verlo en cada esquina. En cada amanecer y anochecer. Al conocer a las personas, escuchar sus historias y ver cómo viven lo verás a Él. Notarás que piensas en Él todo el tiempo y te sentirás muy, muy dichosa.

Para terminar quiero invitarte a tener la mejor relación de tu vida. No tienes nada que perder, pero si muchísimo que ganar. Búscalo de todo corazón, acércate a personas que te lleven hacia Él y no esperes a sentirte pura o santa para ir a su presencia. ¡Ve al encuentro de quién más te ama!

Con muchísimo cariño,

Gina Zanuncini, Guatemala