La luz interna apagada

No se dejen engañar: “Las malas compañías corrompen las buenas costumbres.” – 1 Corintios 15:33 (NVI), Así nos lo ha mandado el Señor: “Te he puesto por luz para las naciones, a fin de que lleves mi salvación hasta los confines de la tierra.” – Hechos 13:47 (NVI). Todo está permitido, pero no todo es provechoso. Todo está permitido, pero no todo es constructivo. – 1 Corintios 10:23 (NVI)

Encomienda al Señor tus afanes y él te sostendrá; no permitirá que el justo caiga y quede abatido para siempre. – Salmos 55:22 (NVI) – Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para cubrirla con un cajón. Por el contrario, se pone en la repisa para que alumbre a todos los que están en la casa. Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo. – Mateo 5:14-16 (NVI)

No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta. – Romanos 12:2 (NVI)

Medita:

Los versículos anteriores muestran que hay evidencia de la importancia acerca de las amistades o compañías que tenemos. El tema de hoy es “La luz interna apagada”… lo que significa que Dios ha puesto dentro de nosotros una luz para mantenerla encendida, pero cuando no tenemos una relación constante con Dios y nos amoldamos a éste mundo dejándolo a él en segundo plano, se corre el riesgo que dicha luz que él sembró en nosotros se apague y es cuando nos enfriamos espiritualmente. Dejémonos usar por nuestro Padre siendo luz y guía para nuestro prójimo.

La mayor parte del tiempo queremos sentirnos parte de un grupo de personas, ya sea en la, escuela, universidad, trabajo, iglesia… En fin, cualquier situación que implique relacionarnos con personas. Debido a ello a veces empezamos a tomar actitudes y costumbres que no solíamos tener, algunas beneficiosas y otras perjudiciales; en otras palabras, nos empezamos a “hacer a ellos”, así como dice en 1 Corintios 15:33: “No se dejen engañar: las malas compañías corrompen las buenas costumbres.” Pero si nosotros tenemos a Dios en nuestros corazones y Él nos ha mandado a ser luz para las naciones (Hechos 13:47)… No deberían “ellos hacerse a nosotros”?.

Hay muchos creyentes que en la iglesia no temen compartir las buenas nuevas de Dios, pero la historia es diferente cuando se enfrentan a un grupo de personas sin conocimiento de ellas. Pueda que les de miedo hacerlo porque les preocupa que digan: “es muy santa e inocente”, “que aburrida”, “mejor no la invitemos porque no es su ambiente”, “es cristiana”, “es de esas cristianas fanáticas”, “no quiero que me hables de esas tus cosas”. Y hay muchas más frases. Debido al miedo nos acomodamos y comenzamos a ocultar y a apagar la pasión que tenemos por Dios para poder ser aceptados por “nuestros amigos.”

Poco a poco comenzamos a cambiar comportamientos, tal vez antes no ibas a bares o a fiestas, pero ahora que tienes ese tipo de amistades vas, a pesar que no ingieras bebidas alcohólicas o no bailes, pero como son tus amigos no importa porque con ellos te la pasas muy bien. Y pueda que sigas ahí durante mucho tiempo con tu luz interna apagada. Recordemos que en 1 Corintios 10:23 dice: “Todo está permitido, pero no todo es provechoso. Todo está permitido, pero no todo es constructivo.” Algunos dirán: “¿qué tiene de malo?”, pero… ¿Qué tiene de bueno?

Entonces, ¡Dios nos ha creado para brillar! En Mateo 5:14-16 dice: “Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para cubrirla con un cajón. Por el contrario, se pone en la repisa para que alumbre a todos los que están en la casa. Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo.” Dios no nos creó para ocultar la verdad a pesar de que los demás digan lo contrario, sino que nos insta diariamente a transformarnos mediante la renovación de nuestra mente y a no amoldarnos al mundo actual. (Romanos 12:2).

En conclusión, lo anterior no significa que esos amigos sean malas personas, ha puesto a que varios de ellos tienen cualidades increíbles, pero no tienen a Dios en sus corazones. Por esto, debemos compartirles el camino y la verdad que ya hemos encontrado, pueda que ellos sean una oportunidad para que Dios se manifieste y más personas crean en Él. Atrevámonos a hablar la verdad, oremos por quienes necesitan del amor del Señor y compartamos ese amor que nos ha conquistado.

Aplica a tu vida:

¿Has estado apartado/a de Dios? ¿Hay amistades que sabes te guían por caminos lejos de la voluntad de Dios? Si tu respuesta fue sí, ¿has sido luz para ellos? ¿Te has amoldado a lo que el mundo dice que es correcto? ¿Te sientes cómodo/a con el tipo de relación que tienes con Dios? ¿Has abandonado buenas costumbres? ¿Tienes amigos que te acercan a Dios y te hacen crecer espiritualmente? Si tu respuesta fue no, ¿por qué no empiezas a buscar esas amistades?

Oración:

Luego de haber meditado en lo anterior, toma un momento para entregarle a Dios tu vida y agradecerle todo lo bueno, paciente y misericordioso que él ha sido contigo. Entrégale tus amistades, pídele sabiduría y valentía para poder hablar de su palabra con tu prójimo y principalmente, con aquellos que están lejos del camino de la verdad. Él te respaldará y pondrá las palabras adecuadas en tu boca para hablar lo que los otros necesitan.

Bendiciones y ánimo.

Katherine Molina, Guatemala

Escritora invitada

Bella por Gracia. Octubre 2017