Linda, no provocativa

“¿Qué busco con esto: ganarme la aprobación humana o la de Dios? ¿Piensan que procuro agradar a los demás? Si yo buscara agradar a otros, no sería siervo de Cristo.” (Gálatas 1:10 NVI)

Chicas, tenemos que aceptarlo. Tengo que decirlo: Nos gusta llamar la atención. Lo tengo que aceptar y decir porque es la verdad, nuestra realidad como mujeres (aunque a los hombres también les gusta). La diferencia entre hombres y mujeres es que nosotras, la mayoría del tiempo, sentimos la necesidad de ser aprobadas por todos y todas para sentirnos bien.

Muchas veces, buscamos esta aprobación de forma equivocada. Cambiamos nuestra personalidad para gustarle a alguien, nuestra forma de hablar por parecerle “interesante” a alguien más, nuestros gustos por tener algo en común con otra persona y cuando sentimos nos convertimos en personas extrañas a nosotras mismas. Nos acostumbramos a cambiar para los demás buscando aprobación y muchas veces de las primeras cosas que cambiamos es nuestra forma de vestir.

La forma de vestir de una persona dice muchísimo acerca de ella misma. Nos guste o no, lo que nos ponemos es parte de la primera impresión que las personas se llevan de nosotros y les ayuda a construir una idea sobre nosotros en su mente.

Es muy fácil como mujeres llamar la atención de los hombres con nuestra ropa. Una blusa escotada seguro atrae miradas, una falda corta definitivamente llama la atención…Es fácil, más no conveniente.

Te entiendo. Estarás pensando: “Si me miro linda, lo que los hombres piensen ya no es culpa mía”. Posiblemente todas lo hemos pensado. Déjenme decirles que estamos equivocadas. (¡Sí, en serio!)

En la Biblia Dios ordena a los hombres a no cometer adulterio en su corazón al pensar perversamente de una mujer. Nosotras sabemos que esta es una tarea difícil para los hombres, no es algo que ignoramos. Si no supiéramos esto, no existiría ropa tan pequeña  y ajustada, no tendría sentido usarla si no atrajera miradas. Sin embargo, como hijas de Dios se nos ordena no ser piedra de tropiezo para los hombres. No podemos pensar que es culpa de ellos cuando nosotras sabemos muy bien que nuestra ropa no honra a Dios y hace que los hombres caigan en pecado. Nosotras debemos ser bendición, no tentación. Ellos deben poder sentirse cómodos cerca de nosotras, sin importar qué hacemos. Es parte de nuestro amor al prójimo. No podemos dejar que ellos estén en esa lucha de no tener malos pensamientos sobre nosotras cuando hablan con nosotras.

Sí, el mundo dice lo contrario. Mostrar de más es “sexy” y codiciado. Lograr que los hombres quieran estar con nosotras por nuestras faldas cortas es elogiado. Que un hombre te diga que eres hermosa porque puede ver toda tu figura aún con ropa puesta se considera un cumplido. Pero, ¿Qué nos dice Dios a sus hijas? Que no nos conformemos con los estándares del mundo. Que el mundo diga que está bien no significa que de verdad lo esté. (Romanos 12:2)

Además, si nos vestimos con ropa provocativa llamaremos la atención de muchos hombres que no están comprometidos a cuidar su pureza. ¿De verdad queremos exponernos a esto? Debes reconocer tu valor. Eres la corona de la creación, el tesoro de Dios. Tu cuerpo es sagrado y debes cuidarlo como tal. El respeto a ti misma es esencial, no puedes dejar que nadie te vea y piense cosas desagradables sobre ti.

En Isaías 5:20 dice:  “¡Ay de los que llaman a lo malo bueno  y a lo bueno malo, que tienen las tinieblas por luz  y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!”

Mujeres, seamos sabias. Seamos obedientes. Dios no nos pide que hagamos algo si no es para nuestro bien. Seamos bendición y luz en todo momento. Al verte en el espejo analiza tu vestuario. ¿Se mira algo que no debe verse? ¿Podría tu ropa incomodar a alguien más? ¿Puede tu forma de vestir causar que alguien más peque?

Si la respuesta es “sí” a cualquiera de estas preguntas, ya sabes qué hacer. Escoge algo que te haga sentir cómoda, linda y segura. Hay mucha ropa linda y conservadora. No me refiero a usar blusas con “cuello de tortuga” o faldas que llegan hasta el suelo, pero sí a ropa que guarde nuestro cuerpo como el templo de Dios que es y no lo exponga como tentación al mundo.

Regresando a lo que dije anteriormente, a todas nos gusta llamar la atención. Pero no por eso tenemos que hacerlo al estilo del mundo. Podemos destacar por nuestra sonrisa que calma, nuestro corazón servicial que no se niega a extender una mano en ayuda, pero lo mejor de todo: con nuestra forma de vestir que dice “Sí, sé cuánto valgo y sé de Quién soy hija”.

Amiga, vales mucho (¡Jesús, el hijo de Dios Todopoderoso murió por tí!)  y debes reflejar eso con tu vestir.

Con muchísimo cariño,

Gina Zanuncini, Guatemala

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