Los días malos son necesarios

Frases-31Mientras escribo esto, admito que ha sido un día difícil. Uno de aquellos días en los que por alguna razón, estoy más consciente de mi. Un día en el que pareciera que puedo notar cada uno de mis defectos de un solo, en el que mi cabello, mi cuerpo, mi todo está simplemente… mal. En resumen, un mal día.

Soy una persona con muchas, muchas, MUCHAS debilidades. He luchado por años contra complejos que me he impuesto. Soy realmente competitiva, no con otros, sino, conmigo, lo que me hace colocarme estándares increíblemente altos. Tengo inseguridades por tantas cosas, desde lo que visto, pasando por lo que digo, hasta lo que dibujo. Mi personalidad está construida de rasgos introvertidos (que poco a poco han perdido fuerza) y depresivos (que gracias a Dios jamás han tomado fuerza). Me cuesta acercarme a las personas, y cuando lo hago, me cuesta demasiado separarme. Hay días en los que simplemente soy un desastre.

No les cuento esto para que me tengan lástima, o para desahogar todo lo que llevo dentro; no se los cuento para que vean lo rota que estoy… y lo agradecida que estoy por ello.

Por alguna razón, relacionamos el ser cristiano con ser perfectos. Creemos que por el simple hecho de aceptar a Jesús como nuestro Salvador y creer en Dios, toda nuestra vida será arreglada y seremos indestructibles. Pero, ¿En qué lugar de la biblia dice eso? En ninguno. Se los aseguro.

De hecho, Jesús, dice a sus discípulos que seguirlo, requiere de sacrificios y que serán perseguidos por creer en Su nombre (Juan 15: 20-21) Eso, después de miles de años, no ha cambiado, y, aunque talvez no nos persigan otras personas, las dificultades y las pruebas lo harán.

Además de eso, ser creyente en Dios y creer en Jesús como nuestro Salvador no es para personas pasivas. Jesús nos dice en Mateo 16:24 “ Luego dijo Jesús a sus discípulos: Si alguien quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme.”  Tomar nuestra cruz implica que tendremos problemas, que habrán días difíciles. Que tendremos que negarnos a nosotros mismos y a nuestros placeres y dolores por seguir a Jesús, y que valdrá la pena.

Bien, ahora ya entendemos que nuestra vida en el Señor no es fácil. Pero… ¿Qué podemos hacer entonces? Bien, simplemente, podemos confiar en el Señor. Pero, les estaría mintiendo si les dijera que esto es fácil… Apenas podemos confiar en nosotros mismos, podemos estar seguros que habrán días en los que nos costará confiar en Dios.

Quería dejar eso en claro para que bajemos las expectativas de nosotros mismos. Dios NO nos exige estar bien todo el tiempo. De hecho, creo que espera que nos derrumbemos y quebremos en cualquier momento. Somos humanos, sentimos, dolemos y es normal.

¿En qué fundamento está esa idea? En el siguiente versículo: (Juan 11:35) “Jesús lloró.”

Sí, antes de morir, Jesús, el hijo de Dios, quien se entregó a sí mismo a una muerte deshonrosa y dolorosa, quien paso 40 días ayunando en el desierto, quien revivió a los muertos, sanó a los enfermos y echó fuera demonios, sí ése Jesús, el mesías… lloró. Jesús se hizo humano, para ponernos un ejemplo y demostrarnos que podemos vivir como Dios espera. Pero, también se hizo humano para entendernos, para comprender nuestra felicidad y nuestra fragilidad. Jesús lloró porque estaba afligido. Porque no quería morir, pero murió a sí mismo para llevar a cabo lo que Dios le mandaba y así salvar a toda la humanidad. Si Jesús lloró, ¿Por qué no he de hacerlo yo? Si Jesús tuvo un momento de debilidad y aflicción, ¿Qué me hace diferente a Él, para yo no tenerlo?

Cuando inicié en a ir a grupos de jóvenes en la iglesia, veía a mis líderes como el ejemplo de perfección. Aquellas personas que ya habían podido superar sus problemas por el simple hecho de que eran líderes. No podía aguantar a llegar a ese punto de mi vida, donde fuera perfecta para poder servir a Dios. Sin embargo, el plan de Dios es moldearme, es un proceso del día a día del cual Él tiene el control.

Tengo días difíciles, más seguido de lo que me gusta admitir, sin embargo, he aprendido a ver a Dios a través de esos momentos de dolor y dificultad. He aprendido a ver su rostro, cuando el mío no me parece suficiente. He aprendido a escuchar su voz, cuando los pensamientos de soledad son demasiado fuertes. He aprendido a descansar en Él, cuando mis fuerzas me fallan. He aprendido que de rodillas, llorando en Su presencia, es cuando más aprendo a conocerlo.

Agradezco a Dios por esos días como hoy, porque me inspiran a buscarlo, a amarlo más, a refugiarme en Él. Sé que estos días pasaran y que aprenderé a vivir con mis fallas, complejos, con mi dependencia. Sé que un día, dejaré de competir contra mí, y que un día podre verme al espejo sin querer cambiar algo. Pero en lo que ese día llega, glorifico el nombre del Señor, porque sé que mi historia aún está comenzando, sigo siendo un testimonio en proceso. Porque a través de mi imperfección, Dios se va perfeccionando en mí.

No olvidemos esto, por favor:

Está bien tener malos días. Está bien quebrarse de vez en cuando. Está bien ser débil. Dios lo entiende.

Con cariño,

Carmen Rizzo, Guatemala