¡Mirémonos como el Rey nos mira!

…Inclinándose él dijo: ¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo? (2a. Samuel 9:8)

Mefiboset significa el que quita la vergüenza. Si vamos a la historia, el primer Rey de Israel fue Saúl, elegido y ungido por Dios a través del profeta Samuel; sin embargo, él desobedeció a Dios, así que al Señor le plació en levantar un rey conforme a su corazón, el Rey David, quien tendría un trono firme y descendería de él, uno que aplastaría la cabeza al enemigo (satanás) según Génesis 3; este es Jesús, nuestro Señor y Rey, el León de la tribu de Judá.

David tuvo una gran cercanía y amistad con Jonatán, hijo de Saúl. Dice la biblia que su corazón se ligó al de él, de una forma que solo puede venir de parte de Dios. Al morir Saúl, en el corazón de David quedó el hacer justicia a la descendencia de Saúl por amor de Jonatán, por lo que preguntó si quedaba alguno a quien pudiera hacer misericordia. (2a. Samuel 9)

El pedido del rey fue atendido, encontrando a Mefiboset, un hijo de Jonatan.  Cuando Mefiboset fue llevado a David, este le dijo: “¿Quién soy yo para que mires a un perro muerto como yo? Y el rey le contesta: “No temas pues yo a la verdad haré misericordia de ti, por amor a Jonatán tu padre… vas a vivir aqui en Jerusalen, en mi palacio y te sentarás en la mesa del rey y comerás todos los días en mi mesa”. (2 Samuel 9:8).

Medita:

Este rey conforme al corazón de Dios, muestra su amor y misericordia y llama a Mefiboset para restituirle, para cambiar sus vestiduras sucias por reales y salir de Lodebar, lugar de oscuridad y bajeza, lugar en el que permaneció después de la muerte de sus padres, lugar en donde permaneció con sus pies lisiados.  David le llama para traerlo al palacio y sentarlo en su mesa. Sin embargo, Mefiboset seguía viéndose como un perro muerto y se sentía inútil pues estaba postrado de sus pies.

¿Como debemos vernos ante el espejo?

La promesa de que somos hijos e hijas de Dios está desde la creación cuando dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Génesis 1). Tu y yo somos tan importantes que el Padre, Hijo y Espíritu Santo participaron en unidad para crearnos a su imagen y semejanza y nos dice que con amor eterno nos ha amado desde la creación (Jeremías 31).

Desde el inicio, en su plan estaba el redimirnos a través de su hijo amado Jesús.  Vemos su misericordia desde la vida de Noé, en como este encontró gracia ante Dios a pesar de su naturaleza caída (Génesis 6); y luego con Abraham, Dios establece un plan redentor para salvarnos, el cual finalmente cumplió a través de Jesús quien venía del linaje de Abraham y David: “Porque de tal manera nos amó nuestro Padre, que envió a su único Hijo para que a través de Él, seamos salvos” (Juan 3:16).

Cuando aceptamos a Jesús, somos herederos con él, somos hijos de Dios y eso nos da una nueva identidad. Mefiboset desconocía quién era y de dónde venía; se veía asimismo como un perro muerto; no entendía que David estaba representando al Padre. Dios quería restituirle, limpiarle, darle identidad; le iba a cambiar sus vestiduras viles por reales y se sentaría en su mesa y comería con él. Esto es lo que el Padre quiere hacer con nosotros, sus hijas e hijos.

Aplica a tu Vida:

El libro de Apocalipsis dice que se nos dará un nombre nuevo atado a una piedra y que retengamos lo que se nos ha dado, para que ninguno robe nuestra corona (3:11). Hay tantas promesas en la Palabra que nos hacen ver nuestra identidad en Cristo y nuestra recompensa.

No hagamos como Mefiboset, quien teniendo linaje real, desconocía su identidad. El Padre nos llama por nombre propio y nos está invitando a retomar nuestra posición en Cristo y esas herencias celestiales que nos ha prometido, esos tesoros escondidos en él; nos ha prometido sentarnos a su mesa y darnos una nueva vestidura, herencia, linaje, identidad. Sentémonos en la mesa del Rey y retomemos nuestra posición en el; es tiempo de mirarnos como él nos mira y caminar en sus promesas. ¡El Rey nos está llamando!

Retoma tu posición en Dios

He aquí yo vengo pronto, retén lo que tienes para que ninguno tome tu corona. (Apocalipsis 3:12)

…Y vi cielo nuevo y tierra nueva, porque ya el primer cielo y tierra pasaron. (Apocalipsis 21:1).

Mirémonos como el Rey nos mira, nos está llamando por nombre, somos sus princesas y príncipes, hijos e hijas, sacerdotes y linaje escogido.
 
Oro al Padre, para que muchas vidas sean restituidas; quienes estén postrados sean levantados y sus posiciones en Cristo sean reafirmadas para su gloria, porque Él nos llama por nombre.

Hecho con amor,
Raynilda Aviles
Islip Ny