No importa la edad, siempre hay que honrarlos

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Creo que la frase “honra a tu padre y a tu madre” es una de las más reconocidas, repetidas y predicadas en el mundo. Es casi una regla básica del día a día… sin embargo, es más fácil repetirla que llevarla a cabo, no creo ser la única que le cuesta honrar a sus papás.
Confieso que desarrollar este tema me costó un bastante. Cada familia es tan diferente que no quería generalizar o equivocarme en algo. Pero luego de que me dieran un buen consejo (y Dios pusiera las palabras indicadas en mi boca/mano/mente), pude comenzar a escribir esto. Les pondré mi punto de vista de este tema como hija y hermana que soy.

Honrar es, simplemente, dar honor, y una de las mejores maneras de dar honor esrespetando. Claro, mucha gente honra a sus padres dándoles dinero, comprándoles cosas, llamándolos todos los días, entre muchas otras cosas, y no es que esto este mal, pero, si actuamos y damos todas estas cosas sin el respeto debido, no estamos honrando a nuestros padres, solo estamos cumpliendo con nuestra obligación como hijas.
Honrar es respetar las reglas de la casa, tomar en cuenta sus consejos, oír cuando nos regañan, no levantar la voz, ponerles atención, y podría continuar con una lista interminable de reglas que desde pequeños nos han dado. Estas difieren de familia a familia, pero la base es la misma: tratar a nuestros papas de la mejor manera posible y respetar su autoridad.

Sin embargo, muchas veces la simple acción de pedirles algo amablemente nos cuesta muchísimo, sobre todo cuando entramos a esa etapa de rebeldía, que es completamente normal, pero que no  sabemos controlar.  Todas llegamos a esa etapa en la vida en la que deseamos independencia, y empezar ciertas acciones en casa ayudan a reforzar ese sentimiento de ir lográndolo. El problema recae cuando, por buscar esa “independencia”, terminamos lastimando, ofendiendo o irrespetando a nuestros padres.
Ahora, si están pensando: “Carmen, pero mis papas no me respetan a mí, ¿por qué debo hacerlo yo con ellos? Bien, la respuesta está en el versículo que leímos. Debemos respetarlos porque es justo. La biblia no dice que lo hagamos porque nos caen bien, porque nos  dan lo que queremos, porque nos dejan tratarlos como queramos. No, dice que es porque es justo. Ellos son los instrumentos que Dios utilizó para darnos vida, y lo queramos o no, son nuestra autoridad y las personas encargadas que Dios dejó para guiarnos y ayudarnos a crecer.

Pero, también tenemos que recordar que los papás deben respetar y tratar bien a sus hijos. Sí, sé que no puedo comparar mi propia experiencia en crianza de niños con la de otras madres porque, pues, es nula… sin embargo, conozco de un versículo que mis propios padres han puesto en práctica y espero yo seguir su ejemplo y utilizarlo cuando el tiempo sea el indicado. El versículo dice:  “Padres, no exasperen a sus hijos, no sea que se desanimen.” –Colosenses 3:21-
No exasperar. No molestar por gusto, no lastimar, no irritar, no dar un motivo de enojoen vano. Pero, ¿cómo lograr esto? Escuchando. No hay nada que me guste más como hija que saber que  mis papás escuchan mis motivos, mis problemas y mis razones.
Recuerdo una vez donde tuve que tomar una de las decisiones más difíciles de mi vida: escoger que iba a estudiar para diversificado. Mi mamá es secretaria y mi papá contador. Ambos, por la situación económica que estábamos pasando en ese momento,decidieron  que tenía que estudiar algo que me permitiera trabajar y estudiar, como secretariado o contabilidad. Yo, por mi parte, quería seguir bachillerato. Al principio no me preguntaron nada, era una decisión casi segura. Esto me causaba una ansiedad y un sentimiento de desasosiego HORRIBLE.

Por lo menos una vez por semana el tema era discutido y más de alguien terminaba molesto y llorando (mis papás molestos, yo llorando). Fue motivo de discusión por mucho tiempo, hasta que una noche nos sentamos a platicar sobre lo que yo quería, no lo que ellos querían. Fue una de las pláticas/discusiones más larga que hemos tenido (ojo, dije discusión, no pelea). La cuestión es que luego de varias horas de hablar de lo mismo, decidimos que íbamos a confiar en Dios y que cuando ingresara a la universidad, no sería necesario que trabajase, y si lo era, yo iba a hacerme responsable.

Esa maravillosa noche, mis papás me dejaron seguir un Bachillerato en Ciencias y Letras y no me obligaron a seguir secretariado (lo que agradezco TANTO, sería la secretaria más desorganizada, despistada  y desordenada que conocieran). Por mi parte, les prometí ganar todas mis clases y tratar de hacer lo posible por salir primera de mi clase.

Dos años más tarde, aunque no pude estar en mi graduación, unos meses antes, porté la bandera de Guatemala en una actividad en el colegio y me dieron una medalla de reconocimiento: Primer lugar de la promoción hasta ese momento. Mis padresrespetaron mi opinión y yo los honré. Es más fácil honrar a alguien cuando sentimos que somos respetadas, amadas, comprendidas y aceptadas. La buena relación en la familia no solo depende de los padres, ni tampoco solo de los hijos.
“Pero Carmen, la relación con mis papás no es buena, ¿Qué hago?” Bien, la única respuesta en la que puedo pensar  es: hónralos. Si ellos no te tratan bien, aunque te cueste, respétalos.  Tu actitud desatará un cambio en sus vidas y, si el cambio jamás se llegara a dar, hazlo para el Señor. Al final, tu vas a poder estar tranquila sabiendo que haces lo correcto y vas a poder disfrutar de todas las bendiciones que el Señor nos ha prometido.
También recordemos que, no importa que tengamos 18 o 90 años, TODA la vida debemos honrar a nuestros papás. Estoy más que segura que si nosotras lo hacemos, nuestros hijos lo harán con nosotros, y así sucesivamente, entonces, no solo nosotras disfrutaremos de una larga vida y todas las bendiciones de Dios, si no que nuestros hijos y nietos y bisnietos  etc. etc. etc. También las disfrutaran.

Se que honrar a nuestros papás es algo muy difícil, pero, también se que vale completamente la pena. Si Dios nos lo mandó, es porque es importante para Él, así que tratemos de honrar a toda nuestra familia, teniendo paciencia, amándonos, respetándonos, escuchándonos y  aceptándonos. El Señor nos manda a amar a nuestro prójimo y no hay nadie más prójimo en esta vida que nuestra familia.

Un abrazo a todas,
Carmen Rizzo, Guatemala.
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