Pasando la tormenta

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Algo que siempre me ha maravillado son las tormentas. Esa combinación de aire, lluvia, electricidad y ruido es algo que me absorbe y llena de temor y  asombro. Pero creo que lo que más me gusta, es ese momento donde se detiene y termina, y en el ambiente se siente paz. Me encanta ver ese primer rayo de sol partir las nubes y la sensación que llena mi pecho…pura y deliciosa calma.

Una tormenta en nuestra vida diaria puede compararse a una tormenta en nuestra vida espiritual, una prueba que debemos pasar para poder glorificar el nombre de Dios al final de ésta.

Sin embargo, algo es seguro: por nuestras propias fuerzas, no sobreviviremos. La biblia nos enseña en varios de sus pasajes que para poder pasar una tormenta, debemos tener algo de que agarrarnos, alguien que sea nuestra base y fundamento.

Esto podemos leerlo en Mateo 7, en la parábola del hombre que construyó su casa sobre la roca: “25 Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca.”

La casa del hombre que nos narra la parábola era una casa fuerte. Una casa que pudo soportar, no una, sino; varias tormentas a lo largo de su vida útil. Una casa que no se derrumbó, a pesar de la fuerza del viento y la tierra.

¿Cómo podemos llegar nosotros a ser como esa casa? La respuesta es fácil y la encontramos en Mateo 7:24: “24 Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca.” Cuando Jesús habla de “éstas palabras”, no solo habla de sus doctrinas, sino de toda la palabra de Dios.

Y por último, recordemos que aunque seamos fuertes en Cristo y sepamos la Biblia de una pasta a la otra, nosotras no tenemos la capacidad de hacer que una tormenta se calme, pero Jesús sí, porque solo Él tiene total control, como lo leemos en Lucas 8:24:

“24 Los discípulos fueron a despertarlo. — ¡Maestro, Maestro, nos vamos a ahogar! —gritaron. Él se levantó y reprendió al viento y a las olas; la tormenta se apaciguó y todo quedó tranquilo.

Una sola orden de Jesús bastó para que una gran tormenta terminara. ¡A eso le llamo verdadero poder! El Señor no era ajeno a las preocupaciones de sus discípulos, pero él sabía que esa tormenta no los iba a matar. Sabía que si de algo serviría, sería solamente para poner en evidencia el poder de Dios. Y sabía que sería una gran lección para nosotras.

Como mujeres cristianas, en un mundo que promueve la igualdad de género y oportunidades, que nos dice que debemos prepararnos, que somos capaces de llegar a donde queramos, tenemos que estar más seguras que nunca, de que: Dios es el único que puede sostenernos y darnos verdadera seguridad.

A lo largo de nuestra vida podemos tener por seguro que vamos a pasar por muchas tormentas. Que no va a ser fácil y que muchas veces entraremos en pánico, que nos abordará el temor y que sentiremos que llegamos a nuestro fin. Ahí es donde debemos recordar quien nos sostiene. Ahí es cuando debemos buscar refugio en la palabra de Dios y ahí es donde debemos recordar que él es  único que tiene el control.

Bellas, si nos tomamos de la mano de Dios cada día, si lo buscamos, si lo amamos, cuando pasemos por una tormenta, vamos a pasarla fortalecidas, como esa casa fundada en la roca; vamos a pasarla sin temor y en nuestra vida no solo se cumplirá la frase que dice: “Después de la tormenta viene la calma.”, si no que; vamos a tener paz en medio de la tormenta, pues sabemos con certeza quien nos sostiene.

“El Señor fortalece a su pueblo; el Señor bendice a su pueblo con la paz.” Salmos 29:11.

Un gran abrazo y muchos ánimos,

Carmen Rizzo,

Guatemala

Agosto 2016