Planes perfectos para ti y para tu futuro

Cuando sientes el llamado de servirle al Señor, o tienes planes en algún proyecto, que nos beneficiará de alguna forma, una emoción increíble viene a nuestra mente. Si es posible quisiéramos iniciar inmediatamente. Miles de ideas llegan a nuestra mente, pensamos en grande, queremos contarle a todo el mundo nuestros planes, y estamos tan emocionadas, que hacemos castillos en el aire, soñamos y no despertamos.

La emoción nos invade y vamos con todo lo planeado. De repente inician las cancelaciones de tus amigos, tus futuros socios se van. Todo mundo tiene compromisos, pero tú sigues con tus sueños. Y empiezas a preguntarle a Dios ¿Pero que pasa Señor porque no sale como lo planifiqué? E incluso hay amigos que te pronostican lo peor y son muy pesimistas. Eso es muy común y empiezas a darle vueltas a tu cabeza, no se puede dormir a veces, porque tú vas decidida con todo, a que tus planes se lleven a cabo y se van volviendo carga, o pueden producir estrés y ansiedad.

En la Biblia encontramos a un personaje favorito de muchos, el rey David, que pasa una situación similar a nuestros días cuando nos creemos autosuficientes y nada ni nadie nos va a parar en nuestros planes. Lo que le sucedió a David fue, que tuvo que esperar en el tiempo de Dios, antes de otorgarle todo el territorio que él anhelaba gobernar. Estaba acostumbrado a ganar todas las batallas que enfrentaba. Aprendió a esperar en Dios, pero no fue fácil.

Lo mismo nos sucede a nosotras cuando esos planes o decisiones que tomaremos, actuamos impulsivas y actuamos exactamente igual que David y nos confiamos, no olvidemos que él era un hombre “De acuerdo con la voluntad de Dios” y mantenía momentos a solas con él, escribía Salmos, tocaba el arpa. He incluso danzó cuando llegó el arca del pacto a Israel. Fue uno de los reyes buenos que reinaron en la tierra prometida. Se nos olvida consultarle a Dios y solas tomamos las decisiones, sin preguntarle si es su total voluntad lo que planeamos hacer.

El proceso de David fue largo, pero valió la pena. El escribió: “Misericordia mía y mi castillo, fortaleza mía y mi libertador, escudo mío, en quien he confiado, el que sujeta a mi pueblo debajo de mí”. (Salmo 144:2). Dios debe ser siempre nuestra fortaleza y confiar en Él.

Sin embargo, nosotras nos vivimos quejando de nuestros problemas, pero los años de preparación para la vida o para un ministerio tienen enseñanza y Dios nos prepara y nos enfrenta a difíciles situaciones.

No es tan fácil tomar decisiones. David tuvo que esperar quince años para gobernar el territorio completo de Israel. Tuvo que pasar por duras pruebas, como la persecución de su suegro Saúl, que intentó matarlo muchas veces. Hasta que murió Saúl, tuvo una paz relativa, porque su hijo llamado Is-boset quería ser rey también y se dividió el reino, momentáneamente.

Hubo momentos de desánimo y depresión, no fue fácil llegar a ser el rey más famoso del pueblo de Dios. Pero había planes perfectos para él y para su futuro, planes de bien y de bendición. Dios lo estaba preparando y esa preparación debía tener un costo. De su descendencia nacería Jesús de Nazaret, nuestro Rey,  Salvador y Señor. Él es quien nos prepara para una vida eterna junto a Él. La Biblia nos habla de promesas de bien para nosotras, solo creámosle a Dios.

Así que, no dejemos de leer la Biblia, escudriñarla y compartirla a otros. Todas pasamos por la etapa de preparación ante la vida, pero si vamos de la mano con nuestro Dios, llegaremos en victoria a cumplir nuestros sueños. ¡Animo Bellas!, Dios esta con nosotras, en nuestro diario caminar. No olvidemos preguntarle a Él antes de planear algo, si es su voluntad hacer lo que deseamos. A Él, le agrada que lo incluyamos primero, en todos nuestros sueños y anhelos.

Oremos a solas, buscando su presencia en nuestras vidas, como lo hacía David mientras pastoreaba sus ovejas con su arpa, en completa adoración a Dios. Hoy nosotras vamos hacia la meta, camino a recibir nuestra herencia en el reino de Dios, todo lo vivido aquí en la tierra, carecerá de importancia, la vida eterna nos espera, aquí todo es pasajero. En ningún momento Dios desamparó a David, lo mismo sucede con nosotras hoy en día. ¡Animo! con sus sueños y planes para el futuro, la vida es una escuela y de todo se aprende. ¡Que el Señor las acompañe en su diario caminar!

 

Con amor de Cristo

Lesbia de Tobías, Guatemala

Febrero 2017