¡Qué fácil es desobedecer!

Le contestó Jesús: —El que me ama, obedecerá mi palabra y mi Padre lo amará y haremos nuestra vivienda en él. (Juan 14:23).

Es tan fácil desobedecer que muchas veces ni siquiera nos damos cuenta que lo estamos haciendo. La Biblia nos muestra muchos ejemplos de hombres y mujeres que en algún momento desobedecieron, tal es el caso de Adán y Eva, quienes desobedecieron y comieron del fruto prohibido. (Génesis 3: 1-7 RV)

Yo también he sido desobediente, recuerdo muchas veces en las que mi mamá me dijo “hace frío afuera, cuando salgas ponte un suéter”, y yo salía sin ponerme suéter. Probablemente, habrá personas que no tomen este ejemplo como un acto de desobediencia, pero al final sí lo era, porque no obedecía lo que mi mamá me pedía y, ¿adivinen quién se enfermaba por no haberse puesto un suéter?…

La desobediencia puede parecer muy fácil en un principio, sin embargo, las consecuencias de la misma son graves, la peor parte es que muchas veces por nuestros actos de desobediencia afectamos a otros y también retrasamos las bendiciones que Dios tiene para nuestras vidas, y si no recordemos lo que les sucedió a los israelitas por desobedecer. (Josué 5:6)

En el momento en que entregamos nuestra vida a Dios, debemos recordar que no solo lo estamos reconociendo como único Salvador, sino también como único Señor, esto implica obedecer su Palabra.

Marcos 12:29-30 Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.

Cuando seguimos este primer mandamiento, entonces desobedecer ya no se nos hace fácil, al contrario, por el amor que le tenemos a Dios no queremos desagradarlo, queremos honrarlo y obedecerle.

Sin embargo, nadie es perfecto, y muchas veces por mucho que digamos que amamos a Dios, y le sirvamos, tenemos actitudes desobedientes, que lastiman nuestra relación con el Señor, y se nos hace difícil ser obedientes a lo que Dios nos manda hacer.

Hoy quiero que oremos para que Dios nos ayude a obedecer su palabra, no por compromiso, si no por amor con un corazón genuino y dispuesto a escuchar su voz.

Dios bendito, te agradecemos por tu misericordia, y por amarnos primero. Padre te pedimos que nos ayudes a ser obedientes, a que el amor que sentimos por ti se refleje en nuestras acciones, queremos honrarte, que seas nuestro más grande amor y que sea ese amor el que nos impulse a obedecer tu Palabra y Voluntad, la cual es agradable y perfecta. En el nombre de Jesús, Amén

Con mucho cariño,

Kimberly Sánchez, Guatemala

Bella por Gracia

Octubre 2018