Reencuentro con Jesús

Una de las mejores exposiciones de Jesús en sus enseñanzas en la tierra, fueron las parábolas y encontramos tres muy conocidas  en el libro de Lucas 15. Aunque sufría de persecución de parte de fariseos y escribas, Jesús no dejó de enseñar la verdad de su Palabra. Estas tres parábolas vienen a ser como un trifoliar, tres en una, porque tienen un mismo objetivo, restaurar a un hijo que peca.  

La primera de ellas es: “La oveja perdida” (Lucas 15: 4-7), famosa historia de una oveja perdida que no regresó al redil con las 99 restantes. Su pastor fue a buscarla hasta encontrarla. ¿Por qué el pastor la rescató del peligro? ¿Qué relación  hay entre ellos que nos sorprende?

Bueno, primero el pastor de ovejas hace que exista una relación muy especial entre ellos. Las ovejas no reconocen otra voz que no sea la de su pastor. Este cuidador toma el papel de guiar, cuidar, amar y proteger a su rebaño del peligro. Este pastor sentía algo especial por sus ovejas, significaban mucho para él. Me imagino que no se sentía en paz hasta verlas protegidas, porque es el animal más indefenso que existe en la naturaleza.

No son capaces de defenderse, no ve bien, no escucha bien, es torpe, tonta y necesita el 100% de ayuda de su pastor. Cuando la oveja se pierde, se llena de angustia, temor y está totalmente indefensa. Está en una condición de perdida, no tiene esperanza de ser salvada. Pero la enseñanza que Jesús quiere dar es que, esa oveja se compara con los humanos y cuando uno se pierde, el Señor toma la iniciativa y busca al perdido con diligencia y se preocupa por él.

Al final nos acepta nuevamente y nos perdona. Y algo lindo sucede en el cielo, los ángeles hacen fiesta. Lo que se había perdido se encontró.  El pastor llama a sus amigos para celebrar que la oveja perdida ha vuelto. Esto es una obra de nuestro Señor Jesús para restaurar a un hijo que peca.

La segunda parábola es: “La moneda perdida” (Lucas 15: 8-18), es acerca de una mujer que tiene diez monedas de plata y pierde una. Aquí vemos la importancia de la búsqueda, el empeño en encontrarla. En Israel era costumbre regalar 10 monedas de plata, como regalo de bodas, aparte del valor material, tenía un valor sentimental para esta mujer. La busca con desesperación hasta que la encuentra y llama también como la anterior parábola a las amigas para celebrar el acontecimiento. Al igual que la parábola de la oveja perdida, los ángeles en el cielo hacen fiesta también. Lo que se había perdido se encontró.

Y la tercer parábola (Lucas 15:11-32) “El hijo pródigo”. Es la historia de un padre con dos hijos, el menor le pide su herencia y se va de la casa. Lejos de casa desperdicia y lleva una vida desenfrenada y se le acabó el dinero. Este hijo demostró arrogancia, inmadurez y desprecio por su casa, pensó que lejos estaría mejor. Pero la irresponsabilidad de no cuidar su fortuna y quedarse sin nada, hizo que terminara cuidando cerdos para sobrevivir. Según la tradición judía, ellos no podían tocar a los cerdos por ser inmundos. Era humillante darles de comer y él termina deseando lo que los cerdos comían,  este joven llegó a tocar fondo.

Al reaccionar y ponerse a pensar en su hogar, donde tenía de todo y no pasaba necesidades, pensó en regresar pero, arrepentido y humillado. Regresa y le dice a su padre que ha pecado contra el cielo y contra él como padre y se cree un indigno hijo.  La tragedia lo hizo entrar en razón. La actitud de este extraordinario padre es abrazarlo, besarlo y  perdonar su falta. El padre celebra con fiesta el regreso del su hijo pecador arrepentido. Lo que se había ido regresó.

En las tres parábolas hay restauración por el que peca. Dios es el que toma la iniciativa, para hacer que sus hijos vuelvan a él. Su amor es tan grande, que también es para los pecadores, ellos son su objetivo principal y para nosotras lo debe ser también. Los fariseos no aceptaban que pecadores fueran amigos de Jesús, mucho menos que fuera a sus casas a comer, siempre estaban acosándolo.

A veces no logramos  perdonar si nos hacen daño. Pero es necesario hacer la voluntad de Dios y eso equivale a perdonar también. Eso nos hace libres en Cristo, no guardamos rencor. Lo que aprendemos de estas parábolas que son como decir tres en una, es que:

1.  La oveja perdida es obra de Dios el Hijo, en restaurar a un hijo que peca.

2.  La moneda es obra de Dios el Espíritu Santo, en restaurar a un hijo que peca

3.  El hijo perdido es obra del Padre, en restaurar a un hijo que peca

Las tres tienen la participación de una deidad divina, el Padre, Hijo y Espíritu Santo, los tres están involucrados para salvar vidas y hoy nos corresponde a nosotras buscar almas para el reino de Dios. Así que, Ayudemos a quién nos necesite, no importa la clase de pecado que haya cometido, no somos quién para juzgar. El Señor se complace por una vida que llega a sus pies, hasta los ángeles celebran por eso y nosotras en la tierra también.

Con amor en Cristo

Lesbia de Tobías,

Guatemala