¡Sorpresa! (primera parte)

Este año hice algo que nunca había hecho, al menos que yo recuerde. A principio de año, en vez de hacer la lista de las cosas que quería para este año, le dije a Dios: “¡Dios Sorpréndeme!” Claro pensando en las cosas (obviamente buenas) que yo quería que me pasaran. ¡Y vaya si no me ha sorprendido! Y he aquí la razón por la que les escribo esto: Dios se toma muy en serio nuestras palabras. Dios nos ama y le importa cada cosa que a nosotras nos importa, por pequeñas o insignificantes que parezcan. 

Aunque mi “sorpréndeme” fue sincero yo no estaba realmente preparada para “recibir” sus sorpresas. Sobre todo, aquellas que no se parecen en nada a lo que yo tenía en mente cuando se lo dije. 

Mi primera “sorpresa” del año fue que accidentalmente un oficial de migración cuando entre al país luego de un viaje, cancelo mi visa (soy de Venezuela, pero vivo en Estados Unidos). Esto definitivamente fue algo que yo no me esperaba, una verdadera sorpresa. Lo que sucedió ponía en peligro mi posibilidad de trabajar e incluso de permanecer en ese país, aunque yo no había hecho nada malo o incorrecto. 

Esta era mi nueva realidad, llena de incertidumbre e inestabilidad al no saber qué podía pasar. Fueron semanas de mucho estrés averiguando cómo solucionar la situación. Pero más que estrés, esto se convirtió en una prueba de fe y una batalla espiritual. El enemigo llenó mi mente de miedo. Mucho miedo de todas las cosas que podían pasar y salir mal, miedo de lo que estaba en riesgo y lo que podía perder por culpa del “error” de alguien más (ni siquiera un error propio). 

Debo confesar que yo me estaba dejando dominar por el miedo, hasta que un día Dios me recordó que el miedo no viene de Él. Al contrario, Su palabra dice que “el perfecto amor, echa fuera todo temor” (1 Juan 4:18)… Y fue entonces que desperté y entendí que estaba en medio de una batalla espiritual y que tenía que pelear. Comencé a hablar su verdad a mi vida y recordar todas las palabras y promesas que Dios me ha dado, especialmente la que me dio a principios de año en Hebreos 10:23 acerca de su fidelidad y como yo puedo estar tranquila y confiar en Él. 

Para no hacerles la historia tan larga, luego que entendí que estaba en una batalla y debía pelear, me aferré a Dios, a su amor y sus promesas y Dios me liberó del temor. Una vez que fui libre, Dios comenzó a moverse y a abrir puertas de una manera sobrenatural. Pude ver su mano una y otra vez, de mil maneras diferentes y cada una más sorprendente que la otra.

Me proveyó todos los recursos y todo lo que necesitaba para solucionar el problema con mi visa y hasta me regaló unos días increíbles compartiendo con mi prima, que es como mi hermana, mientras hacía todos los trámites (no estaba planeado que pudiéramos vernos este año).

Aunque fue un tiempo y una experiencia difícil y definitivamente no era lo que tenía en mente cuando le dije que me sorprendiera, también fue un tiempo de mucho crecimiento espiritual y un tiempo donde pude ver y experimentar el amor y cuidado de Dios de una manera única y especial. Dios me sorprendió no una, sino mil veces durante todo este proceso. 

Te invito a que te dejes sorprender por Dios, a que confíes en ÉL y en su manera de hacer las cosas (aunque su manera sea diferente a la tuya). Porque “se puede confiar en que Dios cumplirá su promesa” … (Hebreos 10:23).

Tengo una lista enorme (y que sigue creciendo) de las maneras en que Dios me ha sorprendido este año, pero esas historias son para otro post 🙂 Gracias por leerme, espero que la historia de mi sorpresa te anime y te inspire a confiar en Dios y a dejarte sorprender por quien te ama más que nadie, aunque al principio la “sorpresa” se vea como una tragedia. 

Con mucho cariño,

Fabiola Colmenarez 

Venezuela

Julio 2019