¡Sorpresa! Segunda parte

¡Hola de nuevo! La semana pasada te conté sobre como Dios me ha sorprendido este año después que le dije: “¡Dios sorpréndeme!”. Si no has leído el principio de la historia todavía, te invito a hacerlo antes de seguir leyendo este post. 

Hace un par de semanas Dios lo hizo de nuevo. Me volvió a sorprender. Una vez más, algo que no esperaba y que al principio no se veía como algo bueno. Aunque el verano no ha llegado oficialmente, ya se siente el calor intenso y hemos tenido unos días súper calientes. Uno de esos días, cuando iba de regreso a mi casa después del trabajo encendí el aire acondicionado de mi carro porque sentía que me iba a derretir del calor. En ese momento me di cuenta que el aire acondicionado no funcionaba, aunque soplaba, el aire no estaba frío. Así que decidí llevar mi carro al taller para que lo revisaran. En mi cabeza era una cuestión simple, solo de recargar el gas y listo (trabaje por varios años en el negocio de mis tíos que era un taller para carros, por eso entiendo un poquito el asunto). Mis conocimientos no sirvieron de mucho, el problema era mucho mayor. Todo el sistema de aire acondicionado necesitaba ser reparado y el presupuesto que me dieron era muy elevado. ¡Vaya sorpresa! Pues yo no tenía planeado gastar esa cantidad de dinero. Decidí esperar antes de tomar una decisión. Así que empecé a orar y a pedirle a Dios que me guiara y me ayudara. La idea de comprar un carro nuevo en lugar de invertir tanto dinero en uno que ya estaba viejito vino a mi mente, pero rápidamente la deseché porque pensé “eso es imposible yo no tengo posibilidades de comprar un carro nuevo”. Yo seguí orando y pidiéndole a Dios que me guiara hacia la decisión correcta y fue exactamente lo que hizo. Movió las piezas de manera sobrenatural y en menos de una semana tenia carro nuevo. Yo no lo podía creer, esto era muchísimo más de lo que yo había imaginado. Un ejemplo más de que Él puede hacer mucho más de lo que nos podemos imaginar o pedir, así como dice en Efesios 3:20. 

Ni en mis mejores sueños pude imaginarme que este año tendría un carro nuevo. Esa noche no pude dormir. Y aunque me gustaría decirte que fue por la emoción del gran regalo que Dios me había dado, no fue esa la razón. Pase toda la noche preocupada pensando en qué pasaría si no podía pagar la mensualidad del carro y sintiéndome inmerecedora de tanto. Me sentía como que si el carro era “demasiado bueno para mí”. La mañana siguiente, tuve un tiempo muy lindo con Dios y le di gracias por mi carro nuevo. En mi corazón yo estaba agradecida por la sorpresa, pero ese sentimiento de que era “demasiado para mi” no se iba. En medio de mi alabanza a Dios esa mañana pude escuchar a Dios diciéndome: “yo te lo di porque quise, porque soy tu padre y quiero darte lo mejor. No tienes que ganarte mis bendiciones, solo recibirlas” . En ese momento entendí que, aunque le había le dicho a Dios “sorpréndeme” yo no estaba lista para recibir sus sorpresas.  Entendí que de alguna manera yo pensaba que tenía que hacer algo para ganarme sus bendiciones. Esa mañana le pedí perdón a mi padre celestial. El quería bendecirme y sorprenderme y yo lo estaba limitando. Esa mañana abrí mis manos con gratitud y le dije: “quiero recibir tus sorpresas”. En ese momento mi corazón se llenó de gozo y gratitud y desde entonces he disfrutado el carro que mi papi me regaló. No porque yo lo merezca o haya hecho algo para ganármelo, sino porque Él es bueno y me ama y quiso sorprenderme. 

Sin duda alguna Dios se ha tomado muy enserio mi petición y me ha dejado con la boca abierta mil veces. Su gracia y favor se han manifestado en mi vida de maneras increíbles este año. Y no que Dios no lo haya hecho antes porque Él siempre lo hace, esa es su naturaleza. Pero creo que este año he estado más atenta y he sido más intencional en reconocer que ha sido Él obrando en mi vida. Es por eso que quiero compartirlo contigo e invitarte a estar más atenta y a reconocer su obrar en tu vida. 

Recordemos lo que dice Isaías 55:8 “Mis pensamientos no se parecen en nada a sus pensamientos —dice el Señor—. Y mis caminos están muy por encima de lo que pudieran imaginarse.” (NTV). Él quiere lo mejor para nosotras. Dejémonos sorprender por nuestro buen padre y aprendamos a recibir y disfrutar sus bendiciones. 

Con mucho cariño,

Fabiola Colmenarez

Venezuela