¿Soy autosuficiente o dependiente?

img_8616

De los mejores consejos que me ha dado mi madre, destaco el siguiente: “Trabajá. Estudia, trabajá y prepárate para no depender de nadie.” Es algo que me ha repetido desde que era muy pequeña. Calculo haber tenido unos 10 años la primera vez que me lo dijo y de ahí, lo he escuchado una infinidad de veces y no me arrepiento de ponerlo en práctica.

Soy la primera de tres hijos. La primera vez que hice mis tareas sola, tenía como 7 años y cursaba pre-primaria, a los 12 me iba de viaje con mis tíos, a los 13 no me molestaba tener que quedarme sola en la casa cuando mis papás tenían que salir con mis hermanos, a los 18 aprendí a ir y venir en bus de la universidad a mi casa, a los 20; a hacer mis propios trámites legales y a los 23 a tomar mis decisiones de vida. Me han criado para no depender de nadie. Para ser autosuficiente.

Proverbios 3:5-6 dice: “Confía en el Señor con todo tu corazón, no dependas de tu propio entendimiento. Busca su voluntad en todo lo que hagas, y él te mostrará cuál camino tomar.”

Ser autosuficiente es algo que como hijas de Dios nunca seremos completamente, cuando creemos en el Señor y dejamos nuestra vida en sus manos, dejamos de ser autosuficientes, renunciamos a nuestra voluntad para hacer la voluntad del Señor y depender solamente de El.

Como hijas de Dios, entendemos que la voluntad del Señor es buena, agradable y perfecta (Jeremías 29:11), y la mejor opción que tenemos es confiar en esa voluntad. Pero la voluntad de Dios muchas veces es contraria a la nuestra y es aquí donde debemos decidir si seremos autosuficientes y haremos las cosas como nosotras queremos, cuando nosotras queremos y con quien nosotras queremos; o buscaremos al Señor, confiaremos en Él y haremos Su voluntad.

Aunque en nuestro día a día la autosuficiencia es algo realmente bueno, cuando estamos delante del Señor, al momento de tomar decisiones, debemos aceptar nuestra humanidad, nuestra debilidad y dejar que Él tome nuestro yugo y aligere nuestra carga.

Ustedes viven siempre angustiados y preocupados. Vengan a mí, y yo los haré descansar. Obedezcan mis mandamientos y aprendan de mí, pues yo soy paciente y humilde de verdad. Conmigo podrán descansar. Lo que yo les impongo no es difícil de cumplir, ni es pesada la carga que les hago llevar.

Mateo 11:28-30

Al final de cuentas, nuestra fortaleza no viene de nuestro interior, ni de nuestra humanidad, ni de nuestro sufrimiento o felicidad, sino que viene del Padre, quien a través de Cristo y el Espíritu Santo nos guía y fortalece cada día.

No dejemos que el pensamiento de ser mujeres empoderadas, libres y fuertes nos lleve a alejarnos de la voluntad perfecta de Dios. Recordemos que depender del Señor y aceptar nuestra debilidad e imperfección es la única manera en la que realmente seremos fortalecidas.

Un gran abrazo a todas,

Carmen Rizzo

Diciembre 2016