Todavía hay esperanza – Valles tenebrosos

“El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes pastos me hace descansar. Junto a tranquilas aguas me conduce; me infunde nuevas fuerzas. Me guía por sendas de justicia por amor a su nombre. Aun si voy por valles tenebrosos, no temo peligro alguno porque tú estás a mi lado; tu vara de pastor me reconforta. Dispones ante mí banquete en presencia de mis enemigos. Has ungido con perfume mi cabeza; has llenado mi copa a rebosar. La bondad y el amor me seguirán todos los días de mi vida; y en la casa del Señor habitaré para siempre.” Salmos 23:1-6 (NVI)

Cuántas veces hemos leído y escuchado este pasaje de la biblia? Considero que la mayoría, yo por ejemplo crecí en un hogar cristiano y este versículo siempre fue muy popular.

Cuántas de ustedes han caminado en valles tenebrosos? Yo sí!

Hace exactamente un año y siete meses lo viví, la esencia de cada palabra de este salmo vino a mi vida…

Te lo quiero compartir a ti, que quizá estas pasando por un momento tenebroso, tormentoso en tu vida, a ti que quizá estés muy enferma, a ti que posiblemente tengas a un ser amado con diagnostico medico delicado y sientes que la esperanza te abandona y la fuerzas flaquean…

La primera semana de marzo del 2012, después de correr una maratón de 10K en el transcurso de la tarde me dio una fiebre repentina, me alivie y fui a trabajar el día lunes, ese mismo lunes en el transcurso de la noche la fiebre regreso y no se detuvo por 3 semanas consecutivas, deje de trabajar por supuesto, sin embargo no sentía ningún dolor solo la angustia de mojar mis sabanas por la fiebre exagerada, fui a 5 médicos y lo único que reflejaban mis exámenes de laboratorio aparentemente era un virus pasajero, sin embargo la fiebre no se detenía, fue entonces que mi familia decidió llevarme con un especialista, ese mismo día me internaron en el hospital, me hicieron cualquier cantidad de exámenes médicos que existan y nada se veía reflejado, para ese entonces ya habían transcurrido 3 semanas completas, sin comer y con fiebre, la verdad estaba desesperada y sin animo alguno, pidiéndole a Dios por un milagro, finalmente me hicieron una endoscopia, en la que se pudieron observar piedrecitas en mi vesícula como medicamente le llaman (Colelitiasis), fue entonces que decidieron intervenir quirúrgicamente sin embargo en ese hospital la operación salía demasiada cara, entonces mi familia tomo la decisión de trasladarme al IGSS  como sabrán la asistencia medica de estas instituciones no son muy buenas en cuanto a atención de los pacientes y la rapidez con la que atienden, por el tiempo que tardaron en atenderme me puse peor, la bilirrubina se me subió (comencé a ponerme amarilla), me hinche toda de pies a cabeza literalmente. Recuerdo estar sentada en las bancas del IGSS, viendo tanta gente enferma, mi corazón se contristo y me desate en llanto, fue entonces que tuvieron que llevarme de emergencia nuevamente al Hospital en el cual me encontraba en un principio, intervinieron de inmediato y programaron la operación para el siguiente día, para mí era una tortura permanecer así una noche más, amarilla, hinchada y con la misma fiebre de hacía 3 semanas y media, tantas noches en una habitación fría y oscura de un hospital… Al siguiente día me ingresaron a sala de operación (yo estaba tan feliz, irónicamente, pero lo único que quería era estar bien!) repetía en mi mente, “Padre estoy en tus manos”. La operación duro alrededor de 3 hrs, los médicos salieron a confirmarle a mi familia que todo había salido bien, sin embargo yo no despertaba de la anestesia, lo doctores comenzaron a hablarme, al momento de abrir los ojos, no pude respirar y desmaye, al día siguiente desperté en intensivo, había sufrido una embolia pulmonar.

“Aun si voy por valles tenebrosos, no temo peligro alguno porque tú estás a mi lado; tu vara de pastor me reconforta.” Salmos 23:4 (NVI)

Mi familia lloro mucho pensando que posiblemente no sobreviviría ante tanta cantidad de agua en mis pulmones. La recuperación involucraba 3 meses con oxígeno artificial, 6 meses sin poder hacer ejercicios y estar bajo cuidados especiales para evitar desangrados debido al fuerte tratamiento para reestablecer con normalidad mi corriente sanguínea y mis pulmones. Fue un tiempo muy difícil en el cual me sentía débil, fea, sola, sin aliento, sin ánimos  (había entrado al hospital con 130lbs, durante los días de intensivo llegue a pesar 180lbs!! Debido al exceso de líquido en mi cuerpo) debían bañarme, cepillarme, alimentarme, mis músculos estaban demasiados débiles. En el tiempo de recuperación a mi mamá le salió un proyecto en su trabajo en cual debía ausentarse de lunes a viernes haciendo casi imposible cuidarme, mi novio tuvo más trabajo y proyectos que nunca antes, la desesperación de no tener a mis más allegados y amados cerca de mí llenaban de tristeza mi corazón sin embargo trataba con las pocas fuerzas que tenia de refugiarme en Dios, en su palabra y sus promesas.

“El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes pastos me hace descansar. Junto a tranquilas aguas me conduce; me infunde nuevas fuerzas. Me guía por sendas de justicia por amor a su nombre.” Salmos 23: 1-3 (NVI)

Cuando sentía, que mi cuerpo poco a poco se recuperaba, cuando ya no era necesario usar oxigeno artificial y respirar con la fuerza de mis pulmones, la luz comenzó a llegar cuando todo parecía gris. Pensé que regresar a mis actividades sería buena idea, una semana antes de poder regresar a mis labores me llaman de la empresa con la noticia que habían quebrado y me liquidarían, la luz parecía desvanecerse de nuevo leeeentamenteeee, una semana después me notificaron de la Universidad que me botarían ese año completo debido a la inasistencia… Fue suficiente para quebrantarme delante de Dios, esa noche le dije: “Señor, me han quitado la salud por un tiempo, perdí el trabajo y ahora me cierras las puertas de la Universidad definitivamente tú tienes que estar involucrado en esto, que es lo que quieres de mi vida, mi vida es tuya, tu das y tu quitas, déjame llorar en tus brazos y vaciarme en ti, tu sabrás que es lo mejor para mí!!!” Hasta ese momento comprendía su propósito, su voluntad, la cual era sensibilizar nuevamente mi corazón ante su presencia, aquietarme y quedarme a solas con El.SONY DSC

Un mes después fallece mi abuelita, quien era como una segunda mamá para mí, perder a un amado es como quitarte un pedazo del alma, la confusión y cuestionamiento quiso apoderarse de mí, pero las fuerzas y amor que Dios me daba eran suficientes para sentir la brisa pese a la tormenta, ver su brillo pese a la oscuridad, El caminaba conmigo en este valle que parecía nunca terminar.

“Dispones ante mí banquete en presencia de mis enemigos. Has ungido con perfume mi cabeza; has llenado mi copa a rebosar. La bondad y el amor me seguirán todos los días de mi vida; y en la casa del Señor habitaré para siempre.” Salmos 23: 5-6 (NVI)

Si te identificas y sientes que el valle tenebroso que caminas no tiene fin, solo Cree en El, si las cosas se empeoran solo sigue Creyendo en El, si tocas fondo y sientes que no hay nadie a tu alrededor sigue Creyendo en El.

“La mano del Señor estaba sobre mí, y su Espíritu me llevó y me colocó en medio de un valle que estaba lleno de huesos. Me hizo pasearme entre ellos, y pude observar que había muchísimos huesos en el valle, huesos que estaban completamente secos. Y me dijo: Hijo de hombre, ¿podrán revivir estos huesos? Y yo le contesté: Señor omnipotente, tú lo sabes. Entonces me dijo: Profetiza sobre estos huesos, y diles: ¡Huesos secos, escuchen la palabra del Señor! Así dice el Señor omnipotente a estos huesos: Yo les daré aliento de vida, y ustedes volverán a vivir. Les pondré tendones, haré que les salga carne, y los cubriré de piel; les daré aliento de vida, y así revivirán. Entonces sabrán que yo soy el Señor. Tal y como el Señor me lo había mandado, profeticé. Y mientras profetizaba, se escuchó un ruido que sacudió la tierra, y los huesos comenzaron a unirse entre sí. Yo me fijé, y vi que en ellos aparecían tendones, y les salía carne y se recubrían de piel, ¡pero no tenían vida! Entonces el Señor me dijo: Profetiza, hijo de hombre; conjura al aliento de vida y dile: “Esto ordena el Señor omnipotente: ‘Ven de los cuatro vientos, y dales vida a estos huesos muertos para que revivan. Yo profeticé, tal como el Señor me lo había ordenado, y el aliento de vida entró en ellos; entonces los huesos revivieron y se pusieron de pie. ¡Era un ejército numeroso!” Ezequiel 37:1-10 (NVI)

Con mucho cariño,

Rebeca de Ojeda