Un cafecito con Dios

Quiero que al iniciar esta lectura pienses en todas aquellas mujeres y en todos aquellos hombres a los que puedes llamar “amigos.” ¿Cómo lograste llegar a ese nivel de confianza y seguridad para llamarles “amigos”? Creo que todas tenemos una vaga idea del proceso de la “creación de la amistad y relaciones sociales.” Entonces, ¿por qué sabiendo como acercarnos a una persona normal, que puede juzgarnos, molestarnos, fallarnos y exasperarnos, no hacemos lo posible para acercarnos a Dios, que jamás nos fallará, nos dejará o molestará? Creo que tengo la respuesta, simplemente nos cuesta porque: ¡es Dios!

Cuando yo pensaba en acercarme y tener una relación de “amistad” con el Señor, un pánico inexplicable me invadía. Mis oraciones se convirtieron en un proceso de repetición, y si no pongo atención (aún me pasa), puedo pasar más de cinco minutos repitiendo “gracias Dios por el clima de hoy” o “Gracias porque dormí tan bien anoche”. Me costaba imaginar como Dios, siendo tan poderoso, magnifico y santo,siendo tan… tan…tan Dios, me podía poner atención a mí. Pero con el tiempo, y luego de escuchar muchas predicas, devocionales y tropezarme un par de veces, llegué a una conclusión: Dios quiere ser nuestro mejor amigo.

Ahora, pensemos, ¿bajo qué circunstancias consideramos a alguien nuestro “mejor amigo”? ¿Cómo pasaron de ser conocidos a “amigos”? Luego de meses (o años) de tratarnos, un mejor amigo es aquella persona con la que más hemos hablado, la que sabe todo… TODITO de nosotras, la que sabemos estará con nosotras en todo momento y la que tiene nuestra plena confianza.

Pero, ¿Cómo podemos llegar a ser mejores amigas de Dios? Simple… cultivando una amistad como lo haríamos con cualquier persona. Bajo mi perspectiva, esto es lo que podemos hacer para acercarnos al Rey:

Tomemos cafecitos con Dios: En mi caso, una buena taza de té. Podemos pasar HORAS hablando con amigas, pero solamente utilizamos unos minutos de sobra para hablar con nuestro Padre. Sentémonos un momento de nuestra mañana, tarde o noche a pensar y agradecer por lo que se nos dio el día de hoy. No es necesario que nos deshagamos en lágrimas y lloro, una plática normal con Dios es lo que puede salvar nuestro día de la rutina. Un cafecito con el Señor puede hacer que llevemos nuestro conocimiento de Él a otro nivel. Orar es platicar con Dios. No te preocupes sobre lo que le vas a hablar o por lo que le vas a agradecer. Pide, ríe, tartamudea, habla de manera cómoda (pero respetuosa). Así es como Dios te ama. Así es como Él te escucha.

Leamos los textos y mensajitos que Dios nos envía:Lo más probable (aunque puede pasar) es que jamás encontremos un mensaje de Dios en nuestro teléfono, o un Inbox en nuestro Facebook, pero Dios se vale de una maravillosa herramienta para ponerse en contacto con nosotras: La Biblia. Para mí, la biblia es el libro más completo que puede existir. Encontramos desde relatos de guerra, cartas de amor y problemas familiares, hasta la respuesta a todos y cada uno de nuestros problemas. Cuánta razón tenía el Salmista al decir: Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero.” –Salmo 119:105La Biblia no es solo la palabra de Dios. Es un mensaje o una carta que tiene el consejo justo que necesitamos. ¿Qué estamos esperando para leerla?

Oh, maravillosos momentos a solas: “Pero tú, cuando te pongas a orar, entra a tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará en Público” Mateo 6:6 – ¿Necesito dar otra explicación? Recordemos que Orar es hablar con Dios. Las mejores pláticas que he tenido con mis amigas es a solas. Donde nadie puede escuchar, ni juzgar, ni opinar. De igual manera, las mejore pláticas que he tenido con Dios, han sido a solas. La única manera de verlo en todo su esplendor y aprovechar el máximo la experiencia de estar con Él, es en lo secreto.

Acercarnos a Dios no es una tarea imposible, es más, puede ser bastante sencilla. Solo debemos abrir nuestro corazón y nuestro entendimiento a su palabra, a su compañía y a su amistad. No temamos en llevar nuestra relación con Dios a otro nivel. Estemos orgullosas de decir: “Dios es mi mejor amigo”, ya que después de todo, muchas conocen de Dios, pero pocas conocen Dios.

Con cariño,

Carmen Rizzo.

Guatemala