Una mujer honesta vale más que mil mentirosas

honestidad

¿Recuerdas la última vez que alguien te mintió? ¿Cómo te sentiste? Definitivamente no fue nada agradable, ahora bien, ¿Recuerdas la última vez que tú mentiste o que hiciste algo incorrecto? Supongo que al igual que yo si te acuerdas y no estás orgullosa de eso pues sabemos que mentir no es correcto, por lo tanto es pecado.

Decir la verdad es parte de la honestidad de hecho SER HONESTA va más allá de lo que decimos, incluye nuestra forma de comportarnos, ¡Es hacer lo correcto!

La Biblia nos dice en repetidas ocasiones que debemos ser honestas y decir la verdad, pero, ¿Porqué? Bueno, es sencillo, Dios es la verdad, todo lo que Dios hace y dice es verdad, Jesús dijo en Juan 14:6 Yo soy el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

El sentir y el carácter de Dios es la verdad, Jesús es la verdad, esa es su naturaleza. El no decir la verdad va en contra de su carácter por eso es tan importante para Dios que aprendamos a ser honestas.

La Biblia, en el libro de los Hechos capítulos 4 y 5 nos cuenta que los creyentes compartían todos sus bienes para que no hubieran necesitados entre ellos, su amor era tan grande que voluntariamente vendían sus bienes y entregaban el dinero a los apóstoles para que lo distribuyeran según las necesidades de cada persona.

Hubo un hombre llamado Ananías que también vendió una propiedad, pero en complicidad con su esposa Safira se quedó con parte del dinero y puso el resto a disposición de los apóstoles. —Ananías —le reclamó Pedro—, ¿cómo es posible que Satanás haya llenado tu corazón para que le mintieras al Espíritu Santo y te quedaras con parte del dinero que recibiste por el terreno? ¿Acaso no era tuyo antes de venderlo? Y una vez vendido, ¿no estaba el dinero en tu poder? ¿Cómo se te ocurrió hacer esto? ¡No has mentido a los hombres sino a Dios!
Al oír estas palabras, Ananías cayó muerto. Y un gran temor se apoderó de todos los que se enteraron de lo sucedido. Entonces se acercaron los más jóvenes, envolvieron el cuerpo, se lo llevaron y le dieron sepultura. Unas tres horas más tarde entró la esposa, sin saber lo que había ocurrido.
—Dime —le preguntó Pedro—, ¿vendieron ustedes el terreno por tal precio? —Sí —dijo ella—, por tal precio. — ¿Por qué se pusieron de acuerdo para poner a *prueba al Espíritu del Señor? —le recriminó Pedro—. ¡Mira! Los que sepultaron a tu esposo acaban de regresar y ahora te llevarán a ti. En ese mismo instante ella cayó muerta a los pies de Pedro. Entonces entraron los jóvenes y, al verla muerta, se la llevaron y le dieron sepultura al lado de su esposo. Y un gran temor se apoderó de toda la iglesia y de todos los que se enteraron de estos sucesos.

Ananías y Safira no fueron honestos y por eso murieron, quizás pienses que el decir una pequeña mentira no es tan malo, o no es tan grave como lo que Ananías y Safira hicieron pero Juan 8:44 dice que Satanás es el padre de la mentira, él es un mentiroso por naturaleza, cuando nosotras mentimos nos volvemos como él y vamos en contra de la naturaleza de Dios porque él es la verdad, mentir y no practicar la honestidad es pecado pues ofendemos a Dios cuando no somos honestas.

Romanos 6:23 dice: Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor. ¡Gracias a Dios que no hemos muerto instantáneamente como Ananías y Safira!!

El Salmo 12:22 dice: el Señor aborrece a los de labios mentirosos, pero se complace en los que actúan con lealtad. Dios quiere darnos vida a través de Jesucristo, le agradamos cuando somos honestas, cuando hacemos lo correcto, te invito a que a partir de hoy te decidas por la honestidad puesto que puede que tengas riquezas, ser muy inteligente, ser muy bonita o que tengas muchas otras cosas, pero el conducirnos con rectitud nos trae grandes bendiciones, el no hacerlo nos puede traer graves consecuencias, vale más una mujer honesta que mil mentirosas, recuérdalo, ser honesta vale la pena.

Con Cariño,

Vicky del Cid, Guatemala