Jesús le respondió: “Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás. Mas bien, el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que fluya para vida eterna”.
Juan 4: 13-14 (RVC)
El encuentro de Jesús con la mujer samaritana
En Juan 4: 1-42 se muestra el encuentro de Jesús con la mujer samaritana y el resto del pueblo de Samaria. En esa época, los samaritanos eran rechazados por el pueblo judío, debido a que eran resultado de la mezcla entre israelitas y asirios. Por eso, la mujer samaritana se sorprende cuando Jesús le pide agua. Sin embargo, Jesús rompe con esa tradición de desprecio y tiene el acercamiento a esta mujer para darle la oportunidad de que tome el agua viva y eterna que solo Él podía proporcionar.
Es importante recordar que esta mujer no solo era rechazada por ser samaritana, sino también, llevaba la culpa de una vida de pecado. Jesús la pone en evidencia con el pecado de adulterio que practicaba (vs.16-18), pero no para condenarla, sino para mostrarle el camino de salvación y para que compartiera el testimonio con sus compatriotas. Al reconocer la mujer que Jesús no era un judío más sino que el enviado de Dios para salvación, comparte la buena noticia con los samaritanos. El relato concluye en que no solo esta mujer creyó en Jesús sino muchos más en el pueblo.
Sin importar nuestros orígenes o pecados, Jesús quiere darnos del agua viva
Al igual que la mujer samaritana y el pueblo de Samaria, talvez puedes estar en una situación de rechazo por no llenar los “estándares” sociales, o bien, las malas decisiones en la vida te han marcado. Sin embargo, Jesús está dispuesto a brindar esa agua viva que calmará tu sed de perdón, amor e identidad. Lo mejor de todo, es que su frescura permanece por siempre. Lo único que tienes que hacer es pedir a Jesucristo que te dé esa agua viva para ser restaurado en tu identidad y nazcas a una nueva vida.
Oración: Te damos gracias Jesucristo por brindarnos el agua viva para restaurar nuestra alma. Ayúdanos a compartir tu mensaje de salvación para que otros que siguen dañados por el rechazo y pecado puedan también beber de esa agua eterna de salvación. Amén.
En el amor de Jesucristo,
Tania Elizabeth Zepeda Escobar
