Podríamos decir que somos la generación más ruidosa, más ocupada y con más información en la historia de la humanidad. Llevamos a todo lugar dispositivos como los celulares, laptops o tabletas electrónicas capaces de garantizar que ningún momento quede en silencio y ningún espacio permanezca vacío. Los usamos constantemente, automáticamente y sin pensarlo. Pero muchas veces no nos damos cuenta que hemos pagado un gran precio a cambio de este ruido constante y lo que primeramente paga la factura es nuestra vida interior. Esto es algo que Dios ha estado trayendo mucha convicción en mi vida.
Debido a que la formación espiritual donde el carácter de Cristo está siendo formado en nosotros sucede en nuestra vida interior. Donde la realidad de Romanos 8:29 se convierte en parte de nuestro diario vivir:
Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.
Por lo tanto el silencio no significa un lugar vacío, sino que es el requisito previo para una forma particular de escuchar la voz de Dios y un espacio para la transformación. Muy rara vez la voz de Dios va ser la voz más alta o ruidosa, pero sí la voz más poderosa y transformadora. Elias descubrió la voz de Dios en un susurro suave, no en el terremoto, ni en el fuego, o en el viento. Aprender a escucharla requiere la disposición de bajar el volumen o apagar todo lo demás.
El silencio es una disciplina espiritual muy importante. Es también, para quienes lo practican, uno de los espacios más fructíferos para su formación espiritual. En la quietud, en el silencio salen a flote cosas que el ruido había mantenido sumergidas por mucho tiempo. Cosas que Dios desea procesar con nosotros, heridas que quiere sanar, lugares que desea traer libertad y aplicar su verdad. Incluso la neurociencia demuestra cómo para poder tener un sistema nervioso saludable y poder interrumpir patrones de pensamientos tóxicos; es importante pausar e identificarlos. Identificar y desafiar los pensamientos que no son verdaderos con la verdad de las escrituras es fundamental para nuestra salud mental. Pero esto solamente sucede cuando silenciamos el ruido externo, escuchamos y nos tomamos el tiempo necesario para identificarlos.
Las escrituras de Romanos 12:1-2 y Filipenses 4:8 nos exhortan a practicar diariamente, como parte de la renovación de nuestra mente. Por lo tanto, te invito en este momento y en cada día practiquemos juntas esta disciplina espiritual del silencio y permitamos que Dios nos hable y nos transforme en lo que ya nos ha predestinado a ser. Que fuésemos hechos conforme a la imagen de su hijo amado Jesús.
REFLEXIÓN
¿Cuándo fue la última vez que experimentaste un silencio genuino —un silencio interior, no solo la ausencia de ruido externo? ¿Qué podrías dejar a un lado hoy para llegar a ese estado de poder escuchar el susurro de la voz de Dios? ¿Qué pensamientos de mentiras necesitas identificar en este día?
OREMOS: Padre me arrepiento y confieso que he elegido escuchar todo el ruido que ha estado a mi alrededor en vez del susurro de tu voz. Hoy elijo la quietud y el silencio al cual me invitas, al menos por estos momentos. Me siento aquí en este lugar y me dispongo a escucharte. No vengo con una agenda. Vengo con mi corazón y mis sentidos espirituales abiertos. Háblale a aquella parte de mí que necesite escuchar tu voz hoy. Tu hija escucha, en el nombre de Jesus. Amén.
En el amor de Cristo, Lucy Cantrell
