Carmen – He visto su misericordia

Siempre he dicho y pensado que mi historia no es nada espectacular. Dios no me saco de algún pecado mortal, vengo de una familia integrada y amorosa, y no tuve que estar a punto de morir para conocerlo. Sin embargo, he visto la mano del Señor en mi vida.Testimonio 1

Como dije antes, vengo de una familia integrada y cristiana. Mis papas se conocieron en la Iglesia y fruto de esa unión salí yo y mis dos hermanos. Toda mi familia, o por lo menos una buena mayoría es cristiana, por lo que mi crianza fue en los caminos de Dios. Por un tiempo estudie en el colegio de la Frater (Colegio Fraternidad Cristiana de Guatemala), pero al morir mi abuelita nos cambiamos de casa. Y por consiguiente, de colegio.

Mi tiempo en el colegio tampoco fue algo espectacular. Creo que una de las cosas que más me marcó fue que por mi naturaleza tímida (parecía pollito comprado) me costaba hacer amigos, por lo que unos cuantos meses de mi primaria la pasé sentada al lado de un árbol. Si… un árbol… allí conocí mi capacidad de imaginación, pero también empecé a ver la mano de Dios en mí. Me dio gracia frente a los demás y mis recreos cambiaron de ser un tormento solitario a juegos y risas.

Por un tiempo nos fuimos de la iglesia a la que asistíamos con mis padres y entre las iglesias que visitamos fui a un retiro espiritual, o “Encuentro”,  como le llaman allí. Ese sábado y domingo de marzo de 2007 me di cuenta, por primera vez, de que tenía un valor y un propósito en Dios. Para ese entonces, tenía 13 años. El fin de semana que duraba el encuentro marcó el cambio en mí. Entendí que Dios no me quería en otro lugar más que cerca de Él y que desde pequeña me había estado preparando para servirle. Ver a Dios, casi cara a cara, sentir su poder y su amor fue lo que me hizo darme cuenta que tenía un llamado especial, aunque aún no supiera cual era.

A finales de ese mismo año, cuando regresamos con mi familia  a nuestra “iglesia original”, tomé la mejor decisión de mi vida: Servir con niños de 3 años. Uno puede pensar “¡Pfff, eso es solo cuidar niños!” Pero me han demostrado que no es así. Cada domingo es un nuevo reto y eso me hace cuidar mi vida, mi mente y mi espíritu cada semana. Lo maravilloso de los niños es que son sensibles a todo, y si yo no estoy bien ¿Qué aprenderán de mí? El servir me ha hecho valorar y anhelar una buena relación con Dios. Debo cuidar que veo, que leo, que oigo. Eso me hizo alejarme de muchos problemas a los que probablemente me hubiera metido.

Mi adolescencia no adoleció mucho la verdad. Gracias a Dios he tenido una buena comunicación con mis padres, y creo que el mayor problema que pude tener fue el de los complejos. No soy una persona de medidas pequeñas, por lo que me comparé mucho tiempo con otras chavas de mi edad. Gracias a Dios, este problema no pasó a más que llorar algunas veces, pues cada vez que sentía desmayar, Dios me recordaba que Él me amaba, fuera como fuera.

Hace año y medio, más o menos, tome otra decisión que le dio un vuelco a mi existencia: Ser líder de célula (o grupo de jóvenes) de la iglesia. En mi caso, no fue tan complicado iniciarla, pues nos “heredaron” la célula, y Dios me bendijo con una co-lider espectacular. Viernes a viernes, por más cansada que este, el ir a servir con jóvenes, platicar con ellos, encontrar no solo amigos pero otra familia, me inspira. Sus historias y testimonios me hacen anhelar ser mejor para ellos. Su sola presencia me hace querer ser mejor.

Tengo 20 años de vida. Soy líder de un grupo de jóvenes excepcionales y soy maestra en la Iglesia. Cada día puedo ver el amor de Dios en mi vida, desde una oración contestada simple (como tomar una Coca-Cola para el almuerzo), hasta que no me atropellen en la calle por mi falta de atención. Dios se muestra a mi vida día a día.

Aún lucho con mis propios problemas y soy la primera en aceptar que soy pecadora. No soy perfecta, pero Dios pone la perfección en mí. No soy fuerte, pero Dios es quien me levanta y me ayuda. No soy talentosa, Dios es quien me ha regalado de su gracia. No tengo un testimonio espectacular, pero sé que junto al Señor, mi vida es una aventura. Aún no comprendo completamente el propósito de Dios en mí, pero confío en que día a día lo cumplo de alguna manera.

Es un gusto escribir para ustedes y poder servir a Dios a través de una de mis pasiones. Espero ser de bendición a sus vidas para honra y gloria del Señor.

Un gran abrazo a todas,

Carmen Rizzo, Guatemala