El día que volví a sonreir…

                   

Nacemos y conforme vamos creciendo, el estar con un cuerpo que funciona bien se vuelve tan común que dejamos de maravillarnos de la obra perfecta de Dios, al hacernos con un cuerpo que funciona solo, pero que no se manda solo, no se gobierna solo, no se pertenece y por si fuera poco, no tiene autoridad sobre sí mismo.

Hace un par de meses perdí la sonrisa y la expresión facial de la mitad de mi rostro, de esas situaciones que uno nunca se imagina que va vivir y cuando toca vivirla hay dificultad al aceptar lo que se está pasando, y a la vez hay confianza y descanso en saber que Dios ha diseñado también esos días.

Recuerdo las veces en que no podía hablar bien, ni comer bien, recibiendo mis terapias, ejercicios y pinchones y no veía resultados; casi diez días de esa forma pero Dios no dejó de trabajar en lo importante, en mi corazón y en mi interior.  Pude aprender que la risa es un milagro, que cerrar los ojos es otro milagro y que mi cuerpo en cada movimiento grita la Gloria de Dios.

Aprendí que este cuerpo no me obedece, no me hace caso aunque mentalmente me esfuerce por darle instrucciones, y que hay un Creador al que sí le responde… Luego de diez días mi cuerpo empezó a dar leves respuestas.

Hoy después de un mes y siete días he vuelto a reír, a ser físicamente la misma, pero internamente con un aprendizaje.

Para su gloria, el Señor me devolvió la sonrisa; sus manos y sus pies acá en la tierra, fueron mi esposo, mi hija, mi familia y amigos, y todas aquellas oraciones que me fueron fortaleciendo en este proceso; también el médico que me vió durante esta etapa fue un ángel, al igual que mi terapeuta.

Mientras oras, no ves lo que Dios está haciendo en secreto, es invisible a nuestros ojos; sin embargo, El ya vio lo que va hacer para el bien tuyo, sea lo que pedimos o sea su perfecta voluntad.

Solo en Dios halla descanso mi alma; de Él viene mi esperanza. Salmo 62:5 (NVI)

Con mucho amor,

Leslie Hernandez, Guatemala

Bella por gracia

Febrero 2018