Lesbia – Mi experiencia de vida

LesbiaAgradecida al autor de la vida, alabo y bendigo el nombre de nuestro buen Dios. !Hacedor de maravillas y milagros! He tenido la bendición de haber nacido en un hogar cristiano, donde mis padres y  tíos eran maestros, vivíamos con mi abuelita, así que cada día, o tarde me contaban cuentos o más de alguna historia. Algo que ha sido vital en mi vida, fue que se me inculcó desde niña “el temor a Dios”. No hubo necesidad que me castigaran con vara o cincho, solo con palabras de sabiduría eran suficiente. Aprendí muchas historias de la Biblia durante mi niñez. Hoy que veo hacia atrás, sé que Dios estuvo conmigo siempre, me guardó de los peligros de la calle, pues antes usábamos bus para ir al colegio. Hoy en día es peligroso por la violencia de las calles.

Tuve la bendición de tener un grupo de amigos en la adolescencia, muy buenos  y de quienes guardo muchos recuerdos agradables. Pero en esa edad peligrosa y con tantos distractores hizo que ya no fuera a la iglesia o iba de vez en cuando. Gracias a Dios no seguí  el camino de muchos de mis amigos. ¿Saben porqué? Porque en mi corazón había algo que me decía que había un Dios que miraba todo lo que hacíamos. Y no podía imaginar ver el rostro de mi buen Jesús triste, ni el de mi mamá. La música en Inglés me apasionó mucho, era lo que estaba de moda en aquella época. Digo aquella época porque bien puedo ser mamá de muchas. Soy la mayor del ministerio Bella por Gracia y es un privilegio.

Pasó el tiempo y me invitaron para ir a Fraternidad Cristiana. Asistía al grupo  de jóvenes, aunque no iba muy seguido, porque siempre estaba ocupada los domingos haciendo algún deporte. No había mayor preocupación que hacer tareas para el colegio. Luego me gradué y entre a la Universidad, pero no recibimos orientación antes y el resultado fue que ya no seguí en Medicina que era lo que me gustaba. Luego estudie idiomas, programación de computadoras, arte y decoración, profesorado en Biblia y muchos cursos más, siempre estaba estudiando algo y todo me ha servido a lo largo de mi vida. Luego me casé y cuando pensé que todo estaba bajo control y súper feliz…

Inicia aquí la etapa más dolorosa de mi vida, se me empezaron a dormir los dedos de la mano, al ir al doctor me dijo que era artritis reumatoidea. La enfermedad empezó y empeoró cada día hasta llegar al punto que no podía usar zapatos de tacón y solo podía usar tenis desamarrados; los pies eran como tamales de lo hinchados que estaban. Todas las articulaciones de mi cuerpo estaban inflamadas. Evidentemente me deprimí, lloraba mucho, porque no podía creer que de una vida tan activa me estaba quedando paralizada, aunque trabajaba con niños con síndrome de Down, podía hacer cosas pero con límite, ese trabajo me permitía usar ropa cómoda y tenis. Los niños me trataban con mucha ternura y dulzura, no entendía porque a mí  me había dado esa enfermedad tan dolorosa, sentía como que fuera el dolor de una fractura de hueso.

El tratamiento no sentía  que hacía efecto, solo me aliviaba pero no me curaba. Estuve en un tratamiento de quimioterapia, eso complicaba todo porque queríamos tener hijos y la medicina no lo permitía, lloraba mucho pensando que mi esposo podría dejarme por no darle  hijos. Pero llegó el momento que la medicina me alivió mucho y pudimos tener a nuestra hija Diana. La enfermedad me hizo recapacitar que aunque medio caminara yo le serviría y decidí servirle al Señor con niños. Analizo y pienso que la  enfermedad, fue de bendición porque eso permitió que yo asistiera otra vez a la Iglesia y me involucrara en el servicio, y darle a Dios su lugar.

La enfermedad fue disminuyendo, aunque hoy no puedo jugar basquet ball que era de mis deportes favoritos,  no puedo levantar cosas pesadas por las lesiones en las articulaciones, soy prudente, la enfermedad hizo que todas las cosas tuvieran  valor para mí. Solo el hecho de ver el amanecer, la lluvia, las flores, mariposas y cuanta cosa que Dios creó me llena mucho. Disfruto cada cosa que pueda involucrarme, cada oportunidad que llegue la aprovecho como  viajar, disfrutar sanamente de amigas y amigos. Pensé que me iba a quedar paralítica porque casi no podía caminar. Gracias a Dios me iba a trabajar en carro, y una amiga me ayudaba a cambiar velocidades, no tenía la fuerzas al hacer los cambios, era horrible el amanecer, porque amanecía tiesa no podía levantarme de la cama, mi esposo me ayudaba a pararme y así empezaba el día para mí, me sentía como un robot, dando pasos sin doblar las rodillas. Le daba gracias a mi Dios por su misericordia, su cuidado, su gracia y amor a pesar de la enfermedad.

Hoy en día estoy sana, alabo  y exalto el nombre de Dios por eso, no tomo medicamentos ha sido una gran lección de perseverancia y paciencia. Aprendí mucho y hoy sería imposible dejar de servirle y seguirle, mi corazón está  agradecido al Señor por tener una oportunidad de vida, me apasiona estudiar su Palabra, compartirla y vivirla. Creo en un Dios de milagros porque me sanó y soy testigo de eso. Por eso no puedo dejar de hablar de mi Señor, de ayudar a otros, de amarlo  con todas las fuerzas de mi corazón, lo bendigo y le doy toda gloria y honra al que vive por siempre y para siempre. Creo en las promesas de Dios y el cuidado que tiene para sus hijas, tenemos a un Dios todopoderoso, en quien debemos depositar toda nuestra confianza, no estamos solas, no importa el problema, Él tiene los mejores planes para nuestras vidas. ¡¡Alabado sea el nombre de nuestro buen Dios por los siglos de los siglos!! Amén.

¡Con el amor de Cristo!.

Lesbia de Tobias

Guatemala

Marzo 2016