Lo imposible si existe

En algún momento de mi vida me dijeron que los imposibles no existen, que todo es posible solo sí lo podemos creer. Puedo decir que después de tantos meses de creer es cierto, no existen los imposibles.

Crecí en una vida de lujo, fui una niña que decía que quería algo y que inmediatamente mi mamá me compraba lo que quería. Un poco consentida, para mi gusto. Toda mi adolescencia fue como la quise, siempre hacía lo que quería, iba a donde quería y no tenía ningún impedimento monetario; o al menos eso creía yo. No fue sino hasta tercer año de la universidad, que mis papas fueron claros con mi hermano y conmigo; “No tenemos dinero”.

Cuando escuchas éstas palabras por primera vez, crees que la situación no es tan difícil y que eventualmente se arreglará. Cada día que pasaba me enteraba que la situación era más profunda y densa. Pasamos de tener muchas propiedades, a tener sólo en la que vivíamos y con una hipoteca. Todo teníamos carros de último modelo pero tuvimos que empeñar todos y quedarnos solo con uno. Pasamos de tener muchas tarjetas de crédito para usar sin impedimento, a tener ninguna porque todas estaban topadas. Pasamos de tener una vida social activa, a dejar de salir. Pasamos de tener mucho a tener poco; según nosotros.

Lo que no sabíamos, era que estábamos pasando de tener poca integridad familiar, a fortalecer los lazos familiares. Estábamos pasando de no darle importancia a nada, ha apreciar todo lo que teníamos. Pasamos de derrochar y desperdiciar a cuidar y guardar. Pero sobretodo pasamos de estar alejados de Dios, a encontrar que es una verdadera vida con Dios.

Llegó el punto donde sabíamos que la única solución era vender la casa que teníamos, la cual estaba hipotecada, esperando a que nos alcanzara para comprar una nueva, poner un negocio y vivir durante un período de tiempo. Todo se veía tan fácil, teníamos la solución en las manos. El problema no fue sino hasta que nos dimos cuenta que el precio de la casa en el mercado no era tan alto como lo esperábamos, pero fue aún más sorprendente que pasaban los días, los meses y pasaron más de dos años y la venta de la casa no se concretaba con ninguna de las personas que llegaba a verla y vaya si no fueron muchas las personas.

Nuestras esperanzas se elevaban cada vez que llegaba alguien a ver la casa, pensando ésta persona era la compradora final. Pero así andamos durante mucho tiempo, y la respuesta de todos era no o simplemente desaparecían del mapa. Llegó el momento en donde tuvimos que bajarle el precio a la casa a tal punto que las cuentas no cuadraban con todo lo que teníamos planeado.

No entendíamos porque estaba pasando eso, durante todo éste proceso Dios nos había dicho que tenía el control, que Él nunca nos iba a dejar desamparados. Y sorprendentemente así fue, había semanas que empezamos con nada de dinero en las bolsas, y terminábamos con comida y gasolina suficiente para empezar una nueva semana. Realmente él se manifestaba de una manera sobrenatural.

Aunque veíamos que día a día no nos dejaba desamparábamos, nos empezábamos a frustrar por la venta de la casa. Habían días que amanecíamos con más fe y esperanza y habían días que nos cuestionábamos todo. Pero siempre estaba Dios, que por más de algún medio nos decía: “Mi promesa es clara, no pierdan la fe. Todo viene a su tiempo”.

Y por supuesto, el tiempo de Dios es perfecto. El comprador vino inesperadamente, fue mandado por Dios. Ningún contacto lo llevo, simplemente se aparecieron en la puerta de la casa, tocaron el timbre y ¡BUM! Fue justo como Dios lo había prometido. Fue una negociación sobrenatural, fue algo fuera de los parámetros de lo real, fue lo que necesitábamos, fue lo que queríamos, fue TODO.

Dios sabía los deseos de nuestros corazones, Él sabía la necesidad que teníamos y lo que queríamos hacer para salir adelante. Él lo sabía. Él nos dio todo para poder hacerlo. Él cumplió. Él cumplió en su tiempo, a su forma y justo en el momento en el que nuestros corazones estaban en el punto para recibir sus bendiciones.

Desde ese día, puedo testificar que no dejamos de recibir de sus bendiciones. Fue como pasar por 7 años de escases y ahora vienen los años de abundancia. Pero durante los años de escases no hubo un solo segundo que nos faltara algo. Dios sin duda es fenomenal. Solo él tiene el control eterno de las cosas y de los deseos de nuestros corazones. Él sigue estando en su trono y nadie lo moverá.

Es por esto que me atrevo a decir, que nunca es tarde, que nunca dejes de confiar y que nunca dejes de pedir. Alza tu voz, eleva tus necesidades, proclama el nombre de Dios, da gracias por lo que tienes, bendice a Dios, a tu prójimo y a ti mismo. Las maravillas que Él puede hacer son espectaculares, son únicas, son incomprensibles e indescriptibles. Así que no dejes de confiar, animo! Yo estuve en ese lugar, y puedo decir que saldrás adelante, que todo tiene solución y que esa solución son 4 letras. Cuatro letras que tienen tanto poder y presencia en este mundo que te sorprenderán, cuatro letras que lo son todo en mi vida ahora, cuatro letras que son DIOS.

No tengas miedo, que yo estoy contigo; no te desanimes, que yo soy tu Dios. Yo soy quien te da fuerzas, y siempre te ayudaré; siempre te sostendré con mi justiciera mano derecha.”

-Isaias 41:10

Con cariño,

Escritora invitada y anónima

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