“Entonces llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres Dios que ve; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve?”Génesis 16:13
La historia de Agar nos recuerda una verdad poderosa: !Dios nos ve! Muchas mujeres han experimentado el dolor de sentirse ignoradas, rechazadas o invisibles para personas importantes en sus vidas. Sin embargo, aun cuando otros no nos vean, Dios sí lo hace.
Agar era la sierva de Sara. Debido a la esterilidad de esta última, se tomó la decisión de que Abraham tuviera un hijo con Agar. Como resultado, ella quedó atrapada en una situación que no había elegido. Después de quedar embarazada, surgieron conflictos entre ambas mujeres, y el trato de Sara hacia Agar se volvió tan duro que ella decidió huir al desierto.
Fue precisamente en ese lugar de soledad, incertidumbre y dolor donde Dios salió a su encuentro. Agar no era una mujer reconocida ni alguien que hubiera realizado grandes hazañas de fe. Era simplemente una mujer herida que necesitaba dirección. Aun así, Dios la vio, le habló y le mostró que su vida tenía valor y propósito.
Años después, Agar volvió a ser expulsada, esta vez junto a su hijo Ismael. Una vez más se encontró en el desierto, enfrentando circunstancias difíciles. Pero nuevamente Dios se acercó a ella y le recordó su cuidado y fidelidad:
“¿Qué tienes, Agar? No temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está. Levántate, alza al muchacho, y sostenlo con tu mano, porque yo haré de él una gran nación.”
Génesis 21:17-18
Dios no sólo cuidó de Agar, sino también de su hijo. Él transformó una situación de abandono en una historia de esperanza y bendición.
Hoy, esta historia nos anima a recordar que no somos invisibles para Dios. En medio de nuestros propios desiertos, Él conoce nuestras luchas, escucha nuestro clamor y nos guía con amor. Aunque las decisiones de otras personas hayan afectado nuestra vida, Dios sigue teniendo un propósito para nosotras.
El verdadero protagonista de esta historia no es Agar, ni Sara, ni Abraham. Es Dios, quien derrama su gracia, su amor y su cuidado sobre cada mujer que necesita recordar que es vista por Él.
Oración: Señor Jesús, gracias porque aun cuando otros hayan tomado decisiones que afectan nuestra vida, Tú sigues teniendo amor y propósito para nosotras. Gracias porque no somos invisibles ante tus ojos. Tú conoces nuestra historia, nuestras heridas y todo lo que llevamos en el corazón. Te pedimos que sigas obrando en cada área de nuestra vida y transformando incluso aquello que parece imposible. Amén.
Con mucho cariño, Lesly Hernández
