El Padre que ama perfectamente

Podrían mi padre y mi madre abandonarme, pero tú, Señor, me recogerás. (Salmos 27:10)

Aunque existen familias unidas y llenas de amor, también existen historias de abandono por padres y madres hacia sus hijos. La falta de compromiso hacia la familia, el narcisismo, materialismo, o incluso, sus propias luchas internas, han invadido los corazones de algunos, cegándolos ante los daños emocionales y espirituales que estas acciones ocasionan en su familia. 

No es de extrañar entonces, que existan personas heridas con vacíos profundos ante la ausencia de un padre, una madre, o ambos; y aunque son situaciones que no siempre se abordan verbalmente, el deterioro de nuestra sociedad es un grito desesperado del dolor que muchos llevan.

Afortunadamente hay buenas noticias. Existe un Padre anhelante para tomar entre sus brazos a todo aquel que tiene una necesidad profunda de ser amado. Tan grande es su amor, que dio a su único hijo, para que en sus heridas pudiéramos ser sanados, física y emocionalmente. Y aún llega a lo infinito su amor, que no solo busca que seamos rescatados de las heridas de nuestro corazón, también nos da la oportunidad de ser adoptados para que seamos sus hijos y nos tome en su cuidado tierno y eterno. 

En Salmos 68:5 encontramos que Dios es padre de huérfanos, y no solo de aquellos que perdieron físicamente a sus padres, sino también de los que crecieron en solitario, carentes del cuidado y amor paterno.  El Padre está atento para tomar en sus brazos a todo aquel que lo acepte, no importa el pasado, no importan los errores cometidos, siempre hay una oportunidad para el huérfano que anhele un hogar.

Si has sido lastimado en el pasado por quienes esperabas ser amado y protegido, hoy tienes una doble invitación. La primera, es que recibas el amor del Padre que es eterno y nunca falla.  No significa que no habrá situaciones difíciles en la vida, pero sí hay garantía que nunca te dejará. La segunda invitación es que por más profunda que sea la herida, perdones. Esto liberará tu alma y permitirá que Dios cambie tus lágrimas en danza, te quite la tristeza y te rodee de alegría (Salmos 31:12). 

Oración: Gracias Padre por tu amor perfecto y eterno. Toda tristeza y herida de mi corazón la entrego a ti para que la transformes en alegría. Perdono a quienes me han lastimado y te pido que los bendigas y también sanes sus corazones para que  podamos disfrutar de la plenitud de tu amor. Amén.   

En el amor de Jesús, Tania Zepeda

julio 7, 2026