Cada día que nos acercamos al altar o a la presencia de Dios, es una oportunidad que Él nos da para escucharnos, para amarnos y para tocarnos con su Espíritu Santo. Es un privilegio que el Rey de reyes nos deje entrar a su presencia con libertad y aceptarnos tal como somos.
Me pongo a pensar que hay veces que no sabemos lo que hacemos, creemos saberlo todo, o estar en un nivel de madurez espiritual más alto que otras personas y en teoría puede ser cierto, pero cuando nos acercamos a la presencia de Dios, no podemos venir con ningún título o nombre que se nos haya dado, más bien examinemos nuestro corazón y cambiemos esa actitud de altivez que podamos tener.
10 «Dos hombres fueron al templo a orar. Uno de ellos era fariseo y el otro era cobrador de impuestos. 11 »Puesto de pie, el fariseo oraba así: “Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres. Ellos son ladrones y malvados, y engañan a sus esposas con otras mujeres. ¡Tampoco soy como ese cobrador de impuestos! 12 Yo ayuno dos veces por semana y te doy la décima parte de todo lo que gano.” 13 »El cobrador de impuestos, en cambio, se quedó un poco más atrás. Ni siquiera se atrevía a levantar la mirada hacia el cielo, sino que se daba golpes en el pecho y decía: “¡Dios, ten compasión de mí, y perdóname por todo lo malo que he hecho!”» Lucas 18:9-14
La historia que Jesus cuenta en Lucas 18 acerca del fariseo y publicano, me hace reflexionar acerca de mi actitud cuando vengo a la presencia de Cristo y también me recuerda las palabras de Jesus cuando dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Mateo 18:3, los niños son inocentes, todo lo creen, se rien por cualquier cosa, se acercan a nosotros con amor y alegría, y si están triste no esconde sus sentimientos como lo hacemos los adultos. Por eso cuando nos acerquemos a Dios, vengamos con corazones como de niños porque él nos está esperando con brazos abiertos.
Cuando terminó de contar esto, Jesús les dijo a aquellos hombres: «Les aseguro que, cuando el cobrador de impuestos regresó a su casa, Dios ya lo había perdonado; pero al fariseo no. Porque los que se creen más importantes que los demás, son los menos valiosos para Dios. En cambio, los más importantes para Dios son los humildes.» Lucas 18:14
Acerquémonos con corazones humildes y necesitados, porque la realidad es que no somos nada sin Él, sin su presencia no podemos existir. Cuando oremos, o leamos su palabra vengamos con la expectativa que Él nos está esperando, pero recordemos que si nuestro corazón está altivo o es orgulloso, no vamos a pasar de nuestro propio entendimiento y propia justificación como lo hizo el fariseo.
Oración: Señor vengo delante de tu presencia en humildad, me arrepiento por venir a veces con orgullo y altivez de corazón, límpiame con la sangre de Cristo y enséñame a ser mas como tu, háblame y júzgame con tu palabra, cámbiame y lávame porque solo necesito mas de ti. Te amo Dios y exalto tu nombre. En el nombre de Jesus, Amen.
En el amor del Señor,
Marina Behel, Bella por gracia
